jueves, 3 de noviembre de 2016

Poesía

Sobre Lumbre de ciervos


Este texto fue escrito en 2013, cuando Emma Villazón presentó su poemario en Santa Cruz. Se retomó su lectura en julio pasado, en una actividad en la que se recordó su obra poética en conmemoración del primer año de su fallecimiento.




Paura Rodríguez Leytón 

Lumbre de ciervos, el segundo libro de Emma Villazón, es resultado de un laborioso oficio de cultivar poesía, una incursión respetuosa al espacio onírico que brinda la palabra en su estado puro.
Desde mi lectura, Parlamento, el segundo poema del libro, es la piedra angular que da pie y sustenta el recorrido que nos ofrece el conjunto de versos que mantienen un ritmo interior permanente, y se depositan confiados sobre un sólido andamio que les permite dar giros, hacer muecas y moverse con certeza en un terreno pantanoso.
“Nadie parte fácilmente y quizás nunca del todo/ de instancias mayores, sobre todo del lugar de origen, de esta torre ambigua y amenazadora, siempre hambrienta de sueños idénticos”, advierte la poeta en Parlamento.  
Y el título del libro invita a pensar en una lumbre tenue, ambigua, a veces fría; en otros casos, cegadora y, sobre todo, una lumbre cuyo origen palpita en la piel de lo animal. 
Esta lumbre podría ser tácitamente comprendida como la belleza pero la trama del libro y los recodos que ofrece, a veces como reflexiones, a veces como asaltos lúcidos, a veces como señales de desconcierto, nos precisan que esta lumbre de ciervos es algo más, es la belleza en sí pero atravesada por otros caminos y quizá uno de ellos sea el de la búsqueda. 
Un ciervo de corto pelaje y de fuertes músculos habita un bosque umbrío y húmedo y la poeta, ingresa en él, a buscarse a sí misma, quizá guiada por esa lumbre, quizá alucinada. La lectura del libro también nos permite vislumbrar que tal vez no se trata del ingreso a un bosque, y que la poeta no va necesariamente al encuentro de nadie, porque ella es el ciervo. Se trata del viaje a un territorio mutante del que se puede pensar que es la propia poesía, así, indefinible; capaz de desentrañar las cosas terrenas desde un oráculo, que luego de cada palabra que pronuncia se va diluyendo y cae como arena a la arena. 
Y entonces ahí está la certeza de lo incierto: “No he desaparecido, estoy en un sueño/ revestida por otro viento de sueño,/ en el que no puedo fiarme de los nombres/ de mi cuerpo ni de los días venideros”, confiesa Emma en Balada de Sophie Podolski contra la desaparición.
Más allá de la certeza de lo que no se sabe ni comprende, están el viaje, la partida, la migración, la casa que nunca dejamos, el cuerpo como la habitación más desconocida, la palabra como un hueso que se puede roer eternamente: “Abandonarse al reposo ciego/ para brotar la voz que descascare crustáceos”, escribe Emma pero es tan profunda la búsqueda que este abandono no se resigna, y hay otras posibilidades que permiten que a partir de la voz ocurra lo cruel, lo que devasta y entonces dice Emma: “habrá que ahorcar la voz”.
La lectura de Lumbre de ciervos es el ingreso a un espacio de numerosas posibilidades, a una casa que es la primera, la segunda y la tercera de las que habla la autora, pero que en definitiva sigue siendo la misma: es el encuentro con habitantes que exigen y gotean, es la mirada hacia un cielo que se desdobla.
Y no podemos olvidar al ciervo, al ojo abismal del ciervo, el ciervo-poeta; el ciervo-madre; al ciervo-hijo; el ciervo-amante. En él confluyen todos los “yoes” de la que escribe (Emma) y del lector, cualquiera que fuese este.
En todo este viaje hay un ancla que lucha por mantener lo cotidiano presente, lo de cada día, lo que nos hace humanos y es así que la poeta escribe: “No he desaparecido, cavilo en mi cuarto, pájara curiosa, sobre las ejecuciones del tiempo./ No me protejo, enmascarados vibran afuera de los siglos, espías de mis vocablos sin regreso”.
Hay otros puntos que señalar, como que el oficio de ser poeta también está en la reflexión. ¿Es posible dar respuesta a la necesidad de escribir? ¿Dar explicaciones a ese tic que (cito) desteje oscurantismos linguales de gente errante?

De la lectura de Lumbre de ciervos me quedan imágenes poéticas impecables, misteriosas certezas y un acercamiento a lo etéreo, pues se trata de un regreso al nomadismo y a la niebla.

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