jueves, 3 de noviembre de 2016

Libros

Volar en círculos, la abrumadora
biografía de John Le Carré


Hace pocas semanas se distribuyó, a librerías de todo el mundo, el libro de memorias del novelista espía.



Ricard Bellveser

Volar en círculos (Planeta, 2016), las memorias de John Le Carré (Dorset, 1931), adjetivadas por la crítico literaria Michiko Kakutani como “la falsa memoria de un mentiroso”, ya está disponible en librerías de todo el mundo, a la vez, en varios idiomas, como se hace con las grandes ediciones.
Recibidas como quien recibe un acontecimiento literario de primera magnitud, se ha querido ver en estas memorias el libro que destripa la política mundial de los cuartos centrales del siglo XX. Se venderán millones de ejemplares.
Le Carré, autor de novelas de espías, que suceden durante la guerra fría, narradas por él que fue espía de profesión, un espía que surgió del frío, quiere convencernos ahora de que no hace ficción sino que cuenta la verdad, cuenta su pasado, aunque hay razones para que no nos lo creamos del todo, para que pensemos que la mezcla de ficción y realidad hace que todo sea algo confuso, lo que no quiere decir que el libro, como tal conjunto, no resulte cautivador, hipnotizador incluso por la energía de sus historias.
Tal vez lo más interesante sean las confesiones relativas a su desdichada infancia, donde deberíamos ver las raíces psicológicas de su obra y de su vida toda. Según desvela, su madre les abandonó a él y a su hermano, cuando él apenas tenía cinco años, harta de las palizas que le daba su marido.
Su padre fue un tipo extraño, un aventurero, un estafador de medio pelo, (“embaucador, farsante ocasional, ocasional visitante de la cárcel y, además, mi padre” ), que cumplió condenas en cárceles de Hong Kong, Singapur, Zúrich..., un tipo encantador, pero al mismo tiempo un ladrón que siendo él niño le llevó al casino de Montecarlo a enseñarle a apostar, un personaje que cuando supo que su hijo había hecho fortuna en la literatura, le reclamó los derechos de autor de sus historias porque muchas le habían sucedido a él  y por ello eran de su propiedad.
Le Carré, de joven, entró en los servicios secretos británicos y se inventó su propio personaje adornado con mentiras. Mentir es una de las cualidades de los espías -y de los estafadores- para disimular su presencia, por ello, al entregarle a sus editores este libro memorialístico, “les expliqué que era un mentiroso. Nací para mentir, me educaron para ello, un sector que miente como medio de vida me entrenó para hacerlo y adquirí experiencia siendo novelista”.
Pero vistas así las cosas ¿nos importa que lo escrito sea verdad verdadera o mentira mentirosa, o imaginación creativa? En el fondo, la narración de la vida no es más que la narración de versiones diferentes de una cosa que no sabemos muy bien si existe y que llamamos realidad. Además, el género de la autobiografía lo permite todo y más si quien lo hace es un maestro de la narración.
El tema me paree muy interesante, porque si nos enfrentamos a un escritor verosímil, que nos habla de espías y de países en conflicto, necesitamos que los datos que utiliza sean certeros, que su trabajo esté bien documentado como sucede en todos sus libros: La chica del tambor, El jardinero fiel, El sastre de Panamá, etc., y para ello debía ir a los países en conflicto, y conocer muy especialmente todo cuanto rodeó a la Guerra Fría en la que participó como espía y en la que desarrolló un finísimo sentido de la observación que luego pasó a sus novelas. “Primero viene la imaginación; después, la búsqueda de la realidad. Después, la imaginación otra vez, y el escritorio ante el cual estoy sentado”.
Su aportación, además de la historia y la escritura, es el descrédito del mundo de los espías, sublimado por otros autores y por la sociedad de los años de la Guerra Fría, que había hecho de ellos algo así como un modelo de héroes contemporáneos, patriotas, descreídos de casi todo, bon vivants y vividores al borde de la muerte diaria, según los arquetipos de James Bond e Ian Fleming.

Vendedor de millones de ejemplares de sus novelas, que están traducidas a una cuarentena de idiomas, se enfrenta ahora a una experiencia nueva, la verdad de la mentira, las mentiras verdaderas, su propia biografía, sus recuerdos no siempre ciertos y su iluminada prosa que a sus 84 años nos sigue cautivando. 

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