miércoles, 16 de noviembre de 2016

Artículo

No se trataba de ti sino de tu libro


No pocas veces, la crítica literaria se confunde con alusiones personales. El académico Willy Muñoz presenta uno de estos casos con este texto que inaugura su colaboración, ojalá frecuente, con LetraSiete.




Willy Oscar Muñoz / Ph.D.

Durante la X Feria Internacional del Libro de Cochabamba asistí a la presentación del libro Quijotes sin rocinantes de Celso Montaño Balderrama. En dicho evento, Montaño me atacó cobardemente con nombre y apellido a causa de la reseña que escribí sobre su otro libro: Grandes escritores bolivianos. Y digo cobardemente porque Montaño tenía el micrófono al cual yo no tenía acceso para responderle. Habría sido más valiente invitarme a discutir el contenido de mi reseña en un foro público donde ambos tuviéramos acceso al micrófono.
Mi reseña empieza así: “La crítica que escribo tiene como objetivo interpretar un texto prescindiendo del autor. Esta nota es una excepción puesto que considero a Celso como amigo, lo cual no me impide que su texto sea exclusivamente el objeto de esta reseña”.
En ella indico que Montaño critica el despojo que tanto Europa como EEUU han cometido en el mundo, conceptos con los que estoy completamente de acuerdo. No critico la ideología política contenida en su libro puesto que concuerdo con ella, además de que cada persona es libre de seguir cualquier ideología siempre y cuando no vaya ni contra la ley ni sea reñida por la moral. La objeción que tengo es, como se lee en mi reseña, a la “adjetivación denigratoria hacia los que no comulgan ideológicamente con él, característica que empobrece su texto”. A ellos acusa de practicar un “pongueaje literario” y los describe como “peones del imperialismo”. Hay formas más elevadas y dignas para concluir lo mismo y así no rebajar el estilo de su propio texto.
A pesar de esas peculiaridades de su discurso, encuentro encomiable que Montaño deje constancia de los escritores que le han influenciado, como Franz Tamayo, Carlos Medinaceli y otros notables como Jesús Lara y Néstor Taboada Terán. Sin embargo, encuentro un mensaje subliminal en su texto ya que Montaño recurre a la primera persona en plural para incluirse y ponerse a la altura de las personalidades insignes que le influenciaron, un deseo exagerado de ser lo que no es.
En mi reseña afirmo que “Grandes escritores bolivianos no es un libro académico, sino laudatorio de aquellos que forjaron la personalidad aguerrida de Celso Montaño. Lamentablemente, el texto mismo está escrito desordenadamente. Da la impresión que el autor transcribía al papel lo que sentía en determinado día, sin prestar atención a lo ya escrito. El resultado son párrafos que se repiten casi literalmente. El texto deja la impresión de que el autor no leyó su manuscrito en su totalidad antes de darlo a la imprenta, revisión que hubiera resultado en un mejor libro”.
Por ejemplo, la página 35 incluye una bibliografía de Carlos Medinaceli, la que con pequeñas diferencias se repite en párrafos de las páginas 60 y 73. El libro es más subjetivo que académico, innecesariamente repetitivo, lo que plasma el sospechoso espíritu de superioridad de Montaño y refleja un narcicismo exacerbado, una necesidad imperiosa de engrandecimiento.
En su discurso de agradecimiento durante la Feria del Libro, Montaño añadió una nota personal: su predisposición a ensangrentar al que le ofende. Cuando Montaño afirmó eso de golpear a sus detractores, inmediatamente me vino a la mente las palabras de Donald Trump, a quien también le gustaría golpear a los que no concuerdan con sus ideas. Es paradójico hacer una analogía entre el hipercapitalista y el hiper-contra-el-capitalismo. Sin embargo, ellos tienen en común un ego que no tolera asomo de la menor crítica.       
Tanto en su libro como en su discurso de agradecimiento, Montaño enfatiza que tiene el alma limpia del Nazareno. Jesús lavó los pies de sus discípulos. Esa humildad es un atributo que Montaño está muy lejos de practicar. Cabalmente, en mi reseña escribí: “Lástima que [Montaño] no siguiera el consejo de uno de sus mentores, de Rafael Peredo Antezana, el periodista que practicaba la humildad y de quien, dice Montaño, aprendió ‘la serenidad de la palabra equilibrada’. No encuentro en su texto la objetividad, la belleza ni la reciprocidad, lecciones que el mencionado periodista le enseñaba”.
En su perorata en la Feria, Montaño me atacó personalmente por el hecho de que, según él, fui a buscar otro país donde cobijarme. No critica mi obra literaria sino a mi persona y no encuentra otro argumento que el haberme educado y ejercido cátedra en universidades estadounidenses. Mi labor académica no me hace un pongo del imperialismo estadounidense.
Retorné al país para escribir sobre la literatura boliviana; nueve de los 19 libros que he publicado tienen como tema la literatura boliviana. Nadie me ha obligado a volver. Vine porque quiero dejar mi granito de arena como ciudadano de este país. En cambio, la ceguera e intransigencia de Montaño no le permiten ver la contribución de profesionales que se formaron en el exterior y que retornan al país para servir a la tierra que les vio nacer.
Cabe señalar que casi la integridad de la crítica literaria que se escribe en Bolivia hoy en día proviene de los catedráticos de la UMSA, quienes, casi en su totalidad, obtuvieron su doctorado en literatura de universidades extranjeras. Por otra parte, en EEUU radican bolivianos que escriben crítica literaria sobre la producción literaria boliviana, como Leonardo García Pabón, Javier Sanjinés, Oscar Rivera Rodas. En el extranjero también radican renombrados narradores bolivianos como Edmundo Paz Soldán, Giovanna Rivero, Claudio Ferrufino-Coqueugniot, Juan Claudio Lechín Weise, Rodrigo Hasbún y otros jóvenes bolivianos que están siguiendo cursos de doctorado en literatura. ¿Los condenaría Montaño por vivir en otros países? Me pregunto si su vituperio lo lanzaría contra Víctor Montoya, un luchador de barricada, quien ha difundido el cuento boliviano en Europa y que también ha retornado al país para seguir su actividad literaria. La ceguera de Montaño no le permite percibir la totalidad de las implicaciones de sus palabras lanzadas, preñadas de furia y rencor.

Concluí mi reseña afirmando que Grandes escritores bolivianos, “es más un libro destinado a que los lectores conozcan, mayormente, a Celso Montaño Balderrama”. Esto porque su ego está notoriamente presente a través de su texto. Esta particularidad es constante en sus escritos, como también lo hizo notar Gonzalo Montero, el otro presentador de su libro de cuentos, quien dijo que encontraba la presencia del autor en sus cuentos, lo cual no molestó al aludido, pero es reacio cuando yo hago notar lo mismo.

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