jueves, 23 de octubre de 2014

Etc.

Los candidatos que no fueron

El autor se detiene en tres “eternos candidatos” al Nobel de Literatura, representantes de un rupturismo con el que la Academia no siempre comulga.

 
El escritor keniano Ngügï wa Thiong’o
Carlos Decker-Molina

El jueves 9 se mundializó el nombre Patrick Modiano como el escritor laureado con el Nobel de Literatura 2014. Sin duda un gran autor (leí Calle de las tiendas oscuras y voy camino a leer la Trilogía de la ocupación), pero no causó el bullicio que se escuchó en la “vieja bolsa” cuando se reveló el nombre de Alice Munro, el año pasado.
Hay especialistas en Suecia que imaginaron que la Academia iba a seguir sorprendiendo con un signo de rupturismo que tuvo su expresión más acertada en la premiación a la cuentista canadiense. Es decir dejar de premiar sobre todo a novelistas de alguna manera “clásicos” aunque diferenciados por sus estilos.
Ese rupturismo ausente en el premio 2014 dejó en el tintero tres nombres de dos escritores y un poeta que, bien pueden emerger años más tarde como fue el caso de Vargas Llosa que obtuvo el premio un poco tarde y no Carlos Fuentes a quien la muerte alcanzó primero.
Quizá sea importante esbozar lo que se supone como rupturismo en este caso de libros y escritores Nobel. Unos ejemplos son los dramaturgos Harold Pinter y, sobre todo, Dario Fo y Elfriede Jelinek que sobresalen del conjunto de novelistas.
Hoy la literatura tiene algunas expresiones nuevas: la literatura en lengua originaria y la testimonial o periodística. Las múltiples lenguas juegan otro rol importante, ya no se trata solamente del inglés, el francés, el portugués o el español, idiomas de las viejas colonias.  
Uno de esos escritores que se quedó, por ahora, sin premio es el keniano Ngügï wa Thiong’o que escribió su primera novela (Weep not Child) en 1962  poco antes de la independencia de Kenia; aborda a través de los ojos de un joven llamado Njoroge, las tensiones entre blancos y negros entre la cultura africana y la del colonizador en una época donde los insurrectos kikuyus más conocidos (por la prensa y el cine) como los Mau Mau, se levantaron contra la autoridad británica.
Thiong’o no sería el primer africano que reciba el Premio Nobel pero sí podría ser el primer galardonado que escribe en su lengua africana originaria, el kikuyu.
No obstante, supongo que el premio no se concediera porque escribe en kikuyu, sino porque lo hace con la calidad del nigeriano Soyinka que escribe en inglés; quienes opinan sobre la literatura de Thiong’o dicen que no destaca por su trayectoria anticolonial y su defensa del idioma y cultura ancestral sino de la calidad de su escritura. Hay solo dos libros suyos traducidos al español.
En una conferencia (radica exiliado en los EEUU) dijo: “la frontera, vista como un puente, se basa en el reconocimiento de que ninguna cultura es una isla en sí misma. Ha sido influenciada por otras culturas y otras historias con las cuales ha entrado en contacto. Este reconocimiento está en la base de todos los otros puentes que queremos construir entre nuestras diversas fronteras culturales. De hecho los puentes están ahí”.
Hay una similar situación con el mundo árabe, el Premio Nobel de Literatura se ha concedido solo una vez a un escritor de esa lengua (Naguib Mahfuz, 1988) siendo un idioma extenso, rico y hablado por millones de personas. En este capítulo hay varios postulantes pero un poeta sobresale por encima de los novelistas. Se trata de Adonis que define la poesía como “lo contrario de la religión”.
Acaba de reeditar en España Epitafio para Nueva York, publicado originalmente en 1971, uno de sus libros más famosos, traducido a muchas lenguas. Critica al capitalismo y homenajea a Walt Whitman y a Lorca.
El poeta hace una detenida lectura sobre Nueva York con la voluntad consciente de rescatar determinadas reminiscencias lorquianas. Pero ya no estamos en los años 30, sino en los 70 (cuando se escribe el poema), y el hilo argumental del poema se desliza por el ojo de una aguja que avizora un espacio-temporal de oposiciones dialécticas.
Al violento dominio imperial simbolizado por Nueva York se oponen los núcleos de resistencia de aquellos años: Palestina y Vietnam. El Estados Unidos de Whitman y Lincoln se opone al de Nixon. Las calles y distritos del poder económico, de las multinacionales y de la alta burguesía ¿Wall Street, Quinta Avenida?, se enfrentan a los barrios marginales ¿Harlem, Greenwich Village?, que el poeta convierte en depositarios y testigos del futuro.
Finalmente la literatura testimonial o periodística ha tenido un eterno candidato que murió sin lograr el Nobel, el periodista polaco Ryszard Kapuscinski. Algunas de sus obras como Imperio, Ébano o Cristo con un fusil al hombro son referencia importante de muchas escuelas de periodismo del mundo.
El polaco tiene su heredera en la bielorrusa Svetlana Alexiyevich. La escritora y periodista fue distinguida en 2013 con el Premio de la Paz de los libreros alemanes, premio entregado anualmente a personas o instituciones que hayan contribuido a la idea de la paz desde la literatura, el arte o la ciencia. Es conocida ante todo por sus reportajes sobre la catástrofe nuclear de Chernobil y la ocupación soviética en Afganistán.
Si estos tres escritores, Adonis de 84 años, Thiong’o de 77 y Alexiyevich de 65 no reciben alguna vez el Nobel de Literatura serán, de cualquier manera, tres referentes de rupturas literarias que pasaron desapercibidos para la Academia Sueca de Literatura, pero no para los lectores.


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