sábado, 16 de mayo de 2015

De arte y artistas

Revive el papel, revive la fotografía

Reseña de una muestra de arte mixto que se puede apreciar en el Espacio Patiño de La Paz.



Pedro Querejazu Leytón

“Revive el papel, revive la fotografía”. Esta frase un poco grandilocuente y ambigua da título a una exposición conjunta de obras de la reconocida artista del papel, Marión Macedo, y también del reconocido fotógrafo Fernando Cuéllar.
La exposición se inauguró el miércoles 29 de abril y estará abierta hasta el 25 de mayo, en el la sala de exposiciones del Espacio Simón I. Patiño de La Paz. Está compuesta por 27 obras de Macedo y 32 fotografías de Cuéllar, todas realizadas a lo largo de este año.
No es una muestra paralela, sino que es la exposición de los dos artistas en torno a la obra de Macedo que está compuesta por objetos utilitarios, objetos escultóricos e instalaciones realizados con papel. Parte es material reutilizado reciclado, y otra material nuevo manipulado.
Macedo ha venido trabajando a lo largo de más de una década con material de desecho que recicla, especialmente con el papel como soporte y medio de expresión plástica; ha realizado ropa para mujer, con diseño propio, con base en papel, unas veces en su color natural, otras, teñido o pintado, así como otro tipo de trabajos, incorporando en ocasiones otro tipo de material siempre reutilizado.
En esta oportunidad presenta un grupo de objetos hechos con base en libros en desuso que la artista ha reciclado, desguazado, recortado, calado y transformado. Parte del resultado son ocho lámparas de mesa elaboradas con sendos libros abiertos y manipulados que tienen formas diversas e individuales.
Más importantes que las lámparas son 14 objetos escultóricos realizados también con base en libros con los que ha creado formas de figuras humanas como en Libro caja, Muñequita, Mariquita, y con formas de animales, como Ave I y Ave II, y Libro jaula; hay referencias también al mundo vegetal como las dos versiones de Libro-Árbol; y, a veces mezcladas entre sí, como en Xena-Huésped, que muestra un ave de papel recortado, dentro de una jaula y que pende de un hilo en medio de la sala.
Algunas son casi totalmente abstractas, como los cuerpos de las lámparas o Libro doblado. Algunas piezas tratan de obras dentro de la obra, como las dos versiones de Cuadro- Libro, uno de ellos con una imagen manipulada con base en la Mona Lisa de Leonardo, o Libro cuento. Todas estas piezas son objetos artísticos para ubicar en ambientes interiores.
Un segundo grupo de obras está compuesto por esculturas efímeras que está realizado con papel nuevo, superpuesto y manipulado. De entre ellas son las seis improntas de cinco torsos femeninos de maniquí y uno masculino, también con base en un maniquí. Estas piezas están colocadas sobre muros pintados de color negro, de modo que sugieren apariciones fantasmagóricas que toman cuerpo y volumen, formas que siendo muy sencillas, por su dramatismo recuerdan a los esclavos de Miguel Ángel o los condenados de Rodín.
Macedo presenta adicionalmente lo que puede considerarse como instalaciones. Un par de ellas son figuras colocadas en sendos muros negros, hechas con papel blanco de superficie brillante, recordado y armado de modo que sugieren aves antropomorfas que por un lado hacen referencia formal y temática al Ave Fénix, lo que tiene relación con el título de la muestra, y por otro traen a la memoria los personajes de la coreografía de la primera presentación de La consagración de la primavera, el ballet de Igor Stravinski, en 1913.
La obra mayor es una instalación que incluye elementos de papel retorcido y encadenado a modo de pámpanos y, ramos de flores que, colgando del techo en una habitación con las paredes de color negro, rodean a una figura femenina de tamaño natural, hecha toda con papel blanco, que pareciera representar la figura de Flora o la Aurora de la mitología clásica, o también, una novia en espera de su prometido para celebrar nupcias.
El conjunto de la obra de Macedo es pulcro en su ejecución y presentación y de alto nivel artístico.
La obra fotográfica de Cuéllar en esta oportunidad es de acompañamiento de la de Macedo. Varios grupos de imágenes están compuestos por fotografías de un rostro de maniquí vestido o cubierto con prendas de papel realizadas por la artista. Otros grupos registran las ya mencionadas improntas. Muy al estilo efectista de Cuéllar, todas las imágenes han sido manipuladas por medios digitales para introducirles colores parciales o totales, texturas, recortes, superposiciones y otros procedimientos, algunos de tono expresionista, otros informalistas.
El proceso de construcción de las imágenes es impecable, pero deja en el espectador una persistente sensación de exceso en los efectos y de falta de novedad, de déjà vue. Los títulos de sus obras aparentemente están tomados de personajes de la mitología clásica que también comparten con satélites del sistema solar o estrellas del firmamento.
Ni el papel ni la fotografía estaban muertos o desaparecidos antes de esta muestra. Pero aquel ha sido reciclado y resignificado, y esta experiencia ha registrado el proceso. El ambiguo título hace más referencia al reciclado y renacimiento que a la muerte. Es una exposición que vale la pena ver, por las obras de Macedo y por la instalación y presentación museográfica de las obras.


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