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lunes, 20 de febrero de 2017

Reseña

Soberana sin escolta



Texto leído durante la presentación, la semana pasada, del poemario Tania en flor (Plural) de Sulma Montero.


Marco Montellano 

En su didáctico ensayo, Cómo leer un poema, Terry Eagleton plantea que “no todas las declaraciones críticas tienen que consistir en un qué en los términos de un cómo, mas se puede afirmar que el acto prototípico de la crítica es exactamente ése”.  Esto, continúa el crítico inglés,  parecería más cierto para la poesía, género literario que se podría definir como aquél en el que forma y contenido están íntimamente imbricados. La poesía revelaría la verdad secreta de un escrito literario: la forma es constitutiva del contenido y no un mero reflejo de este.
Percibir el qué del contenido en los términos del cómo no significa necesariamente verlos como una unidad armoniosa. Se trata más bien de atender a la construcción del objeto, a cómo se enlazan las vigas del artificio y si este es logrado, con mayor o menor destreza, trabajo, entrega, y algo de la suerte que robustece a la intuición.
Partiendo de esta idea básica, me detendré en algunos aspectos de Tania en flor, el poemario de Sulma Montero. Se trata de 18 poemas cortos de versos breves -salvo los dos últimos, presentados en prosa preciosista y concisa-, que producen efecto poético en el matrimonio de su simpleza formal con la intensidad mística, sagrada y sensual, de su contenido. 
Volviendo a Eagleton, podemos afirmar que un poema constituye las cosas mismas de las que trata, que se curva sobre sí mismo. La palabra que define este proceso es “ficción”. En el poemario de Montero, esta se crea sobre el autorretrato desnudo y el convite generoso a participar de las reflexiones -íntimas a la vez que cotidianas- de un personaje: Tania, quien está en flor, es decir, tiene un cuerpo y tiene una voz, ambas materializadas en las páginas de libro: lo primero en los dibujos, lo segundo en las palabras.   
Se nos presenta físicamente a Tania mediante cinco dibujos a lápiz que nada tienen de ornamental. Todo lo contrario, mediante ellos se nos da rasgos inequívocos del personaje que nos habla. La cantidad de líneas achuradas que la rodean o componen nos transmite -otra vez con una simplicidad que en realidad es transparencia-, sus estados de ánimo, su emotividad. Tania tiene un cuerpo sexuado. Cuando se muestra desnuda desaparecen las facciones de su rostro, ceden ante labios y flores que adornan su vientre, que crecen en sus extremidades. También aparece vestida… pero sobre ello no es necesario que yo diga nada, pues ella misma lo explica en su poema 17: “Abro mi ropero y veo las prendas que amo, las acaricio y noto que son mías por la forma en que se mimetizan en mi cuerpo”.
La voz poética también se define a sí misma en el ejercicio de la escritura. Ejemplifico con fragmentos del poema 8: “Busca la profundidad / fue la consigna / de mi ascenso / hacia la cumbre (…) Acuática y floral llegué a la cúspide. (…) Ahora soy una mujer / que adivina el sueño / de la tierra / y tiembla / de amor”. La voz poética realiza una declaración estética y  ontológica, de su condición de mujer. En Tania… la individualidad del ser femenino predomina, es cálida, exultante a momentos.
Quizás porque tengo la suerte de estar estudiando la poesía de Jesús Urzagasti -es decir, a riesgo pleno de mi subjetividad lectora-, lo intuyo en el tono, en la sensible emotividad y en los silencios preñados de sentido de algunos poemas de Tania en flor, como el que sigue: “Al fondo de los rayos de miel dorada / un paisaje inagotable me embriaga. / Expande su perfume floral el alba / asciende el día de belleza anaranjada / y en el lago de sombras azuladas / siento el aliento secreto de mi alma”.
Esta relación, no obstante, no se me presenta en términos de influencia, puesto que la impronta en la poesía de Sulma es nítida, femenina y personalísima. Quizás, tanto en la literatura como lo fue en la vida, veo en esos versos un sentido de comunión: comunión en la contemplación gozosa y trascendental de la naturaleza, siempre desde dentro de ella; comunión en el respeto y asombro por el misterio sabio del silencio.  
La poesía nos concedería la experiencia efectiva de ver que el significado toma forma como un proceso, en vez de presentarlo simplemente como un objeto acabado. El libro que tengo en mis manos nos entrega con honesta generosidad ese proceso vital y creativo llamado Tania, una mujer que habita en su cuerpo y es dueña de las palabras que la constituyen:

                                   En la brisa de esta noche
                                   todo es indescifrable.
                                   Tu ser misterioso
                                   se ha posado en mí.
                                   Ahora nada me es ajeno
                                   Mi intimidad reina.

                                   Soy una soberana sin escolta.

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