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martes, 28 de febrero de 2017

Letra sincrónica

Capricho, de Sulma Montero

Texto leído por el autor en la presentación del poemario Capricho (Plural, 2017).

 
Uno de los dibujos con los que Montero ilustra su libro.

Alan Castro Riveros 

Andar por el mundo
La relación entre un libro y el deseo que tiene su autor de publicarlo -las razones que lo incitan a liberarse de él- rara vez se deja percibir desde su título. El capricho determina hacer algo porque se quiere hacerlo, sin otra razón aledaña. Quienes conocen y leen a Sulma ya se imaginarán que este capricho es a la vez dulce y rotundo. De hecho, una de las cosas que más me asombra de la Sulma es su manera de caminar por la ciudad. Ella tiene una manera tan gentil de ondular por las calles que siempre me sorprendo cuando la veo caminando a lo lejos. Dando por sentado que para escribir hay que hacerlo de cuerpo entero, el ritmo de su poesía es el mismo que viste y calza.
Permítanme leer algunos fragmentos del Capricho que estamos presentando hoy para ilustrar este ritmo ondulatorio:
Por ejemplo, leamos el primer poema de stanhopea amorosa:

            Amor tu oración
            me convierte en fuego
            me vuelve acuática
            y soy manto
            en el vientre de la tierra
            ave en pos del viento.
            Amor ahora me siento
            transparente. [51]
           
            O el quinto poema de laelia alba:
           
            Callada
            lleva las señales
            de mi sombra
            y se detiene
            cuando la toca
            el viento.
            Mi compañera
            y mi guardiana
            la que me entrega un mundo
            al despuntar
            la mañana
            y cruza
            los laberintos
            con extraña calma [79]

La escritura de Sulma es poesía templada en un cuerpo de movimientos pausados y sin asperezas. Una entrega que acepta su vulnerabilidad, al mismo tiempo que revela el contundente flujo de una decisión, ...un pacto/Invencible [46].
El “capricho” en la escritura de Sulma deja de parecer una rebelión inocente de cualquier capricho para ser una apuesta inapelable por mirar el mundo con esa luz en el fondo de los ojos. Esa luz de la creación remonta todos los obstáculos como si los acariciara para dejarlos amablemente en la lona. Por ejemplo, aquí está el fragmento final del primer poema del libro, cattleya sola:

            Me fui
            sin mirar atrás
            para que la magia
            de los que llegan
            al mundo
            sea el primer sueño
            de un triunfo interior. [14]

Como se habrá notado, este poema tiene además la potencia de incluirnos en “un triunfo interior”, si acordamos entre todos que todo lector de poesía es un recién llegado al primer sueño: toma a todos como cómplices / de un sueño / sorprendido / por el deseo / de nacer / a la vida [34]. Y es así como el libro se abre hacia los otros; lo cual queda claro casi al final, con catasetum camarada, donde conocemos a Andrés, Cuchicuchi, Serafina Colque y María, todos ellos tocados por la magia de esa otra inocencia que se revela en Capricho.

Las flores del Capricho
Por otro lado, hay que decir que Capricho -como los anteriores libros de Sulma- incluye ilustraciones; en este caso, flores. Recuerdo cuando la Sulma me mostraba estos dibujos coloreados en su celular, donde los trabajaba con el ritmo de siempre. Los poemas te hacen ver nuevamente los dibujos y viceversa. El movimiento evocado de las flores en la naturaleza, su nacimiento, crecimiento y volatilización no sabemos si se puede llamar capricho. Lo que asombra es la levedad de ese movimiento, su pasar desapercibido pero rotundo, “sin mirar atrás”, y la armonía de su coloración.
Para terminar con una estampa de fuego quiero leer un poema memorable sobre la manera de palpar la vida que se percibe en Capricho:

            Cómo acercar
            mis manos
            a lo sagrado
            si para tocarlo
            preciso
            el imperio
            de la luz.
            Cómo descifrar
            el paraíso
            invisible
            de su majestad
            infinita.
            Cómo abrazar
            su fuego
            sin que
            me queme

            la vida. [22]

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