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lunes, 13 de febrero de 2017

Libros

Sylvia Plath en español

Los recién publicados Diarios completos -en su versión en español- son claves para entender la personalidad de la poeta norteamericana, sostiene el autor de este artículo.




Ricard Bellveser 

La poeta Sylvia Plath (1932-1963) sirvió el desayuno a sus dos hijos de uno y tres años, se fue a la cocina, selló con toallas y paños la parte inferior de la puerta y ventanas, abrió el gas y metió la cabeza dentro del horno. Hacía cuatro meses que había cumplido 30 años. Vivía en la casa de Londres que había habitado W.B. Yeats.
“Morir / es un arte, como todo. / Yo lo hago excepcionalmente bien. / Tan bien, que parece un infierno. / Tan bien, que parece de veras. / Supongo que cabría hablar de vocación”, escribió en uno de sus poemas más conocidos.
Solo 30 años y su obra es por todos estimada y recordada. Ahora la editorial española Alba acaba de publicar sus Diarios completos, en edición de Juan Antonio Montiel a partir de la estadounidense que hizo Karen Kukil, y con traducción al español de Elisenda Julibert.
En una nota correspondiente a febrero de 1957, dice la autora refiriéndose a su admirada Virginia Woolf: “En el verano negro de 1953 yo sentí que estaba replicando su suicidio. Solo que yo sería incapaz de meterme en un río y ahogarme. Supongo que siempre seré excesivamente vulnerable y algo paranoica”.
Su padre también murió muy joven, a los 55 años, y cuando Sylvia tenía 9. Le diagnosticaron diabetes pero pese a ser un hombre culto, profesor universitario, se negó a ser tratado por los médicos, por lo que la enfermedad siguió su progreso; tuvieron que amputarle una pierna, luego tratarle los ojos por la progresiva pérdida de visión.  
El hijo varón de Sylvia, Micholas Huges Plath, fue un tipo muy raro, solitario y huraño, profesor de ciencias del mar en la Universidad de Alaska Fairbanks, vivió soltero y puso fin a su vida ahorcándose, en 2009. Su hermana Frieda es escritora y colaboradora de la prensa británica, y está en permanente tratamiento por depresión.
La obra poética de Plath ha dado pie a diversos estudios psicológicos, especialmente centrados en el denominado trastorno bipolar que según ciertos expertos, padecía, aunque hoy, de ella, parece interesar mucho más su apuesta feminista y su renovación poética, pese al hecho sabido de que fue una estudiante muy brillante, aunque tuvo que alternar la universidad con los tratamientos psiquiátricos en el Hospital McLean, donde se sometió a sesiones de electrochoques que le ayudaron a llevar una vida, digámoslo así, normal.
Se casó con el escritor Ted Hugues, de quien se separó dos años antes de morir, y al poco de tener a su hijo. Tuvo con él una relación muy complicada, tanto por las sospechadas infidelidades de él con alguna alumna, como por sus relaciones como escritores. Escribe Plath en agosto de 1957, tras que le rechazaran la publicación de un libro: “Lo peor de todo es que me compadezco tanto de mí misma que me preocupa sentir envidia de Ted: de su éxito (…). Debo alegrarme de que lo haya conseguido, a pesar de tener tanta necesidad de mis propios éxitos para hacer que los dos nos sintamos mejor”.
Estos Diarios… que se acaban de publicar en español, llegan con todas las sabidas amputaciones. Las que hizo el propio Hugues sobre los pasajes de los últimos años, correspondientes a su vida juntos, y las que realizó su madre, un personaje interesante, que abandonó su vida al casarse con el padre de Sylvia, y que se negó a llorar cuando este murió. Al parecer la poeta norteamericana nunca olvidó cómo le influyó la muerte de su padre siendo ella pequeña, ni la relación con su madre, que no pudo superar y que ya nunca conoceremos porque esas páginas, hasta donde se sabe, han sido destruidas.
Está claro, además, que Sylvia tenía prisa por conseguir algún tipo de reconocimiento literario que le permitiera sobreponerse a sí misma. Es de una enorme elocuencia leerle en enero de 1958, cuando escribe: “Estoy verde de envidia -los ojos inyectados en sangre, echo espuma por la boca- después de leer a las seis poetas seleccionadas como ‘las nuevas poetas de Gran Bretaña y Estados Unidos’: todas insulsas, pomposas, menos May Swenson y Adrienne Rich. En cualquier caso ninguna otra es mejor que yo ni tiene más obra publicada. Así que siento el legítimo rencor sereno”.

Paradojas de la vida, Sylvia Plath fue la primera poeta en ganar un Premio Pulitzer, aunque lo fue con carácter póstumo, por sus Poemas completos, preparados para su edición por su marido.

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