sábado, 24 de octubre de 2015

Artículo

Nuevos (y buenos) aires en la
Feria del Libro de Cochabamba

 
Uno de los pasillos en el campo ferial cochabambino. (Luis Carlos Sanabria)
Martín Zelaya Sánchez                  

Corroborar que la gente ya no considera que ir hasta el campo ferial de Alalay sea un largo y poco provechoso viaje, y que más bien se vuelca en masa a ver libros, a compartir con escritores y escucharlos, es uno de los principales elementos para augurar que finalmente la Feria Internacional del Libro (FIL) de Cochabamba va a paso seguro hacia su consolidación en el calendario cultural nacional y, lo más importante, en el imaginario y la rutina de los cochabambinos.
La IX edición de la feria que concluye mañana en el predio ubicado a varios kilómetros del centro de la Llajta, lejos de imprevistos y fallas de organización notorios en ediciones pasadas (cambio permanente de sede, falta de agenda cultural a la altura, escasa promoción en los medios) estrenó, de paso, un imponente pabellón cómodo, amplio y acogedor en el que se desplegaron las editoriales y librerías locales y nacionales.
A pocos metros, en otro bloque, tres salas bautizadas en homenaje a Adela Zamudio, Néstor Taboada Terán y Werner Guttentag acogieron decenas de presentaciones de libros, conversatorios y encuentros, eso sí, con las pequeñas fallas comunes y al parecer insalvables en todos los eventos de esta naturaleza en el país: la imposibilidad de aislar el estridente ruido de una sala a otra.
En la primera parte de este número especial de LetraSiete, dedicada íntegramente a la FIL, intentamos mostrar un panorama resumido del evento: reseñas de libros destacados: Obra escogida de Javier del Granado (Nuevo Milenio), Bolivijke pricaju, una antología de relatos de autoras bolivianas traducida al croata y una lectura de la novela Los infames, de Verónica Ormachea.
Luis Carlos Sanabria, con un breve texto reflexivo sobre los porqués del escritor, nos da una idea de lo que fue el conversatorio El oficio de escribir en el que el pasado sábado ocho autores, divididos en dos mesas, dialogaron sobre la vocación y el destino reflejado en su trayectoria en las letras.
El evento fue organizado por editorial 3600 que tuvo el acierto de editar un librillo –distribuido durante el acto- en el que cada uno de los participantes –todos autores de la casa- aportó con un cuento.
En la primera mesa estuvieron Adolfo Cárdenas, Carmen Beatriz Ruiz y Homero Carvalho, bajo la moderación de Willy Camacho, y en la segunda, el propio Sanabria engranó el coloquio con Paul Tellería, Pedro Albornoz y Víctor Hugo Romero.
No obstante, quizás lo más importante de la IX Feria Internacional del Libro de Cochabamba, fue el más que merecido reconocimiento a dos referentes de la literatura del Valle y del país: Gaby Vallejo y Adolfo Cáceres Romero, que tuvieron cada uno un acto especial de homenaje en el que participaron diferentes literatos y académicos con palabras de valoración. Un par de esos textos se publican ahora.
Punto alto para la nueva directiva de la Cámara Departamental del Libro y enhorabuena por los cochabambinos amantes de la literatura.


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