martes, 8 de marzo de 2016

Cine

Noche de estreno: Oscar 2016



Un repaso a los premiados en las principales categorías en los recientes premios de la Academia de Hollywood.


Berny Prieto

Umberto Eco -entre otras cosas un experto medievalista y bondólogo (es decir un fanático de James Bond)- escribió, hace ya 52 años, una de las reflexiones más importantes sobre la cultura de masas: Apocalípticos e integrados.
Se podría decir que -según Eco- los apocalípticos ven a la cultura de masas como anticultura; ven en ella nuestra decadencia y la pérdida de nuestra autenticidad; son la elite cultural.
Los integrados, en cambio, son aquellos ingenuos que reciben con alegría y esperanza (y casi sin ningún sentido crítico) esta cultura de masas. Eco procuró a través de este libro una resolución efectiva y amigable entre estas dos visiones.
No obstante, para disfrutar plenamente de Hollywood es necesario ser -en acto o en potencia- un integrado. La nouvelle vague -Godard, Truffaut, Rivette, Chabrol, etc.- encontró y supo mirar con intrigada y meticulosa pasión el arte secreto de John Ford, Hitchcock, Samuel Fuller, Howard Hawks, Orson Welles y muchos otros. Estos grandes directores de Hollywood fueron los creadores de una poderosa e intrigante mitología -que inspiro, claro, la irreverencia intelectual y la vanguardia del cine de la nouvelle vague
Así, nuestra cultura -Justin Bieber, las telenovelas coreanas, o los premios Oscar- es principalmente una cultura de masas, y solo un intelectual apocalíptico -elitista, y de cierto modo vulgar y corriente- desdeñará a Hollywood y sus películas. Por supuesto que existe basura, y mucha, y por esto mismo es necesaria una visión crítica de la cultura de masas como insiste Eco. Mas, es válida también, una visión que sepa disfrutar tanto la tranquila mirada de Ozu o Bresson, como también, la furia shakesperiana de Mad Max: Fury of the Road.  
Creo que lo más interesante de la ceremonia de los Oscar de este año fue el monólogo inicial de Chris Brown y la actuación de Lady Gaga –que, claro, debió llevarse el premio a mejor canción original en vez del falsete orquestado de Sam Smith: Wrinting on the Wall, la canción de Spectre es, tal vez, una de las peores canciones Bond.
Pero lo interesante para nosotros -además de la foto de La Paz en Spotlight- es que este año ha sido posible ver en cartelera todas las que fueron nominadas a mejor película del año.
The Revenant o “la pasión de Leonardo Di Caprio” no se llevó el premio mayor. Iñarritu recibió su segundo Oscar consecutivo como mejor director, y el arte de Lubezki recibió su tercera estatuilla consecutiva como mejor cinematografía.
The Revenant es una película tendenciosa y larga, y la agonía de Di Caprio es solo un divertimento menor -Leonardo mereció el Oscar  mejor actor por su cómica y brillante actuación en The Wolf of Wall Street. Y si bien  la cinematografía es hermosa, la visión de Iñarritu -a diferencia de la cósmica, terrible y audaz visión de Malick- hace de las imágenes de Lubezki, algo irritantemente solemne y torpe.
La violencia y la venganza de la película no producen una hilaridad histérica como en Tarantino, ni la ansiedad moral de las películas de Scorsese. The Revenant es una hermosísima postal llena de eventos desafortunados.
La mejor dirección, creo, era para George Miller y Mad Max: Fury of the Road y no para Iñarritu. Esta película ganó casi todas las categorías, digamos, técnicas. Y sin embargo, la épica de Miller es más intrépida y polifacética que todas las películas nominadas. No solo por la fría reflexión sobre la sociedad y la violencia, sino por la vibrante experiencia cinemática: el movimiento, la acción y la sensualidad.
Spotlight, ganadora de mejor película y mejor guion original es ante todo una buena película por todo lo que no muestra y solo sugiere. La pedofilia, el horror y encubrimiento sistemático, no son cuestiones pasadas, las heridas y los deseos siguen vivos en tiempo presente. Aquí el periodismo se muestra como una clase de sacerdocio. Algo sacrificado, ritual y tedioso. El estilo de Tom McCarthy en Spotlight es sencillo; muestra un Boston incoloro y gris, y a periodistas tan glamurosos como arqueólogos. La verdad no necesita de adornos.
El mejor guion original debió ser para los hermanos Coen que escribieron Bridge of Spies dirigida por Spielberg, por la que -gracias a una encantadora y cómica frase-Would it help? (¿ayudaría?)- Mark Rylance ganó el Oscar como mejor actor de reparto.
El premio a mejor guion adaptado se lo llevó The Big Short, un encantador collage de una desgracia planificada, con Ryan Gosling hablándote de frente, y Selena Gómez explicándote finanzas; aunque lo merecía más Phyllis Nagy por Carol, una adaptación de la novela de Patricia Highsmith, El precio de la sal.
Carol, dirigida por Todd Haynes, es una película sobre el amor de dos lesbianas en los años 50 en New York. La hermosísima Cate Blanchett mereció el Oscar a mejor actriz por su interpretación de Therese, un rostro frio y sosegado, un porte elegante que recuerda a la sensual Katherine Hephburn.
La película granulosa y texturizada, como el cine de los 50, es un homenaje a Hollywood, pero sobre todo un drama valiente y político. El amor como revelación y tristeza.
Brie Larson, ganó en la categoría de mejor actriz por The Room, un pequeño drama que trata sobre el secuestro y la realidad. La película, en sus mejores momentos, recuerda la inocencia y la redención a través de la imaginación y el juego de La vida es Bella.
En cuanto a mejor actor, Michael Fassbender, debía haber ganado el Oscar; repetir el premio con Eddie Redmayne hubiera sido -aunque acertado- demasiado repetitivo para la ceremonia en general. ¿No existen más talentos en Hollywood? ¿Por qué no nominar a Michael B. Jordan (por Creed) o Samuel L. Jackson? 
Alicia Vikander ganó el Oscar a mejor actriz de reparto por The Danish Girl, una película que le hubiera gustado a Christopher Isherwood y que es, más o menos, una recreación dulce y sombría de Doctor Jekyll y Mister Hyde.

Ya para acabar dejo The Martian y Brooklyn, ambas entretenidas pero sosas. Algo así como para rellenar las nominaciones y el teatro. Las películas de habla no inglesa, cada una con su peculiar arte y sofisticación, merecen otro espacio. Ah… y si les gusta Amy Winehouse, busquen el documental ganador. 

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