jueves, 10 de abril de 2014

Escuela de Espectadores

Sobre La saga de los vampiros


Omar Rocha Velasco

Luis Caballero y Javier Soria lograron montar una excelente comedia que no pretende sólo arrancar sonrisas al público, también quiere que reflexione sobre la violencia constitutiva en los seres humanos y la necesidad de la muerte, por eso Ciro, uno de los vampiros, se queja gran parte de la obra porque está aburrido de vivir, tiene un problema con la inmortalidad (igual que en la novela de Anne Rice y en la película de Neil Jordan).
Efestos, el otro vampiro, es un poco más “light” y tiene preocupaciones diferentes a las de su compañero, ese contrapunteo es el gran disparador escénico.   
Es una obra compleja en lo temporal, no es lineal, juega con oscilaciones entre el pasado (flashbacks a diversos momentos de la historia de occidente) y vueltas al presente, esos saltos temporales no son bruscos ni destemplados, al contrario, están muy bien logrados. Todo esto sólo es posible gracias a una gran actuación, madura, versátil y dinámica.
La escenografía es mínima: un muñeco articulado, un ataúd y unas cañas (espadas), todos estos elementos están muy bien aprovechados, su manejo hace que tengan diversidad de funciones y complementados con el vestuario, permiten recrear distintos momentos de la historia  de occidente.
Así, el ataúd y una de las túnicas, sirven para recrear una de las carabelas con las que Colón llegó a América. Algo de eso sucede con el paso de los vampiros por Oriente, con su participación en la Segunda Guerra Mundial, con su papel de espías rusos que se dejan seducir por las drogas y el rock and roll y otros diversos momentos de la historia por los que atraviesan.
El muñeco articulado es fundamental en esto, una pequeña prenda (como cuando vestimos un muñeco con ropa de Alasitas), o un pequeño símbolo, sirven para identificar la época y acompañar el viaje de los vampiros.
Decir las cosas con humor no es frecuente en nuestro medio, ese es un valor, más todavía cuando está bien trabajado, se alimenta de la ironía, es reflexivo y sirve para desmontar lugares comunes. Sobre esto último nos surge una duda, ¿la obra intenta cuestionar, a través del humor y la ironía, esa historia light y oficial a la que estamos acostumbrados o, por el contrario, es una obra que cae otra vez en esos lugares comunes que llamamos clichés? Si es lo primero, la obra ronda la perfección, si es lo segundo, sería una pena.
En definitiva, una gran propuesta en lo temático, en la actuación y en lo escénico, la llegada al público fue estupenda, efectiva, al extremo de arrancar carcajadas descontroladas, tanto en los mayores como en los niños y eso que los últimos son un público muy difícil por su espontaneidad y honestidad.


Nota: La Escuela de Espectadores de La Paz es un espacio de reflexión y discusión sobre obras de teatro. La próxima obra a ser discutida será Excepciones, el 28 de abril. Los interesados pueden llamar al 2410329 (Int. 227) o acudir al CEDOAL (Ecuador, 2503)

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