domingo, 5 de abril de 2015

Reseña

Serena, de Sulma Montero

Texto que la autora leyó en la presentación de la novela de la escritora paceña, que se efectuó en días pasados en La Paz.



Adriana Lanza 

Serena es un libro rojo, intenso, con la huella de lo que fuimos. Es difícil escribir sobre Serena, un efecto hipnótico nos hace vulnerables a las cartas de amor.
Las vertientes de la literatura pueden ser de muchas maneras. Hablaré de dos. Existen los prolijos jardines donde desde épocas remotas se discute el papel del ser humano en la historia, la búsqueda por dar un sentido a la vida, sus grandes creaciones y fracasos, historias podadas por un hábil artífice. Un golpe en la estatua del centro, la triza para construir una nueva en su lugar, el ciber-hombre atravesado por una rajadura. La decadencia.
La otra vertiente que no cae desde arriba y es más bien manantial porque brota de la tierra o surge por entre las rocas, es aquella literatura impulsada por otro tipo de deseos.
Ya no es la intención el retratar una época, marcar un camino donde se asegure al yo y su estar en el mundo, otorgar un sentido a todo aquello que se va desgarrando para encontrar la salvación. Aunque paradójicamente todo esto se logra también en este tipo de escritura, sin haberlo previamente planeado.
Quiero decir que este manantial nace de nuestros cuerpos, fluye de todos los sentidos y produce una combinación hechizada y hechizante de palabras que logran expresar un instante, desde lugares ajenos a la lógica racional. Esta escritura logra registrar la sustancia acústica, aromática, visual, táctil y/ o gustativa del mundo.
Las palabras en Serena cautivan el momento y revelan aquella sustancia. Así como el término “canto” involucra palabra y sonido, si existiera otro vocablo para definir la combinación de palabra y aroma, entonces esa voz sería serena.
La cualidad incandescente y volátil de la obra de Sulma Montero permite que sea pronunciada la esencia del ser humano y su antiguo misterio.
El canto femenino ocurrido en la obra, no solo emana de la protagonista, sino también de Manuel, cuyo hálito es aprovechado en esta narración para crear el perfume subyacente en nuestros cuerpos, en nuestras flores.

Abrimos el libro y mana una historia de amor.

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