lunes, 15 de febrero de 2016

El chicuelo dice

Es el doñerío

Breve retrato descriptivo de cierto sector bien identificado de nuestra sociedad.



Wilmer Urrelo

Resulta que ahora les presento al doñerío: habitualmente frígidas, sin un buen orgasmo en toda su vida, irremediables adictas al melodrama mexicano.
Son malas, curiosas e hipócritas. Son católicas. Asisten con una puntualidad escandalosa a las misas del Señor de la Sentencia. Son cobardes porque nunca te dicen las cosas de frente. Son las que hablan de vos a tus espaldas. “Mirá su pantalón”. “Qué feo se había hecho peinar”.
Son engañadas por sus maridos, las pobrecitas. Y encima estos le refriegan en la cara el hijo de la otra relación (siempre paralela a la suya). El doñerío, niños y niñas, compra regalos en navidad para ese hijo. Es más, llega a “adoptarlo” como suyo. Les presento al doñerío, juventud. Y no larga al marido por el qué dirán. No lo manda a la mismísima mierda como se merece. Todo por las palabras de la gente. Todo por la censura de los demás. El doñerío cree estar más allá del bien y del mal. Ojo, que el doñerío no son las doñitas que tanto queremos. Hay una gran diferencia entre el doñerío y las doñitas.
           
Uno: el doñerío desprecia a las doñitas.
            Dos: el doñerío tiene pena de las doñitas.
            Tres: el doñerío se cree más decente que las doñitas.
Y cuatro: El doñerío jamás (recalco el jamás) invitaría a una doñita a
pasar a su sala y menos al baño de su casa (y si lo hace lo desinfecta de inmediato).
           
El doñerío, también, tiene la capacidad de rebosar maldad. El doñerío desprecia tu felicidad. El doñerío tiene envidia cuando uno está feliz o cuando uno logra algo importante en su vida.
Es que el doñerío nunca fue feliz. El doñerío va al cementerio y le habla a las tumbas. Es meticuloso en este sentido. Tiene ya, en el calendario, días reservados para ir al cementerio. El doñerío cree a pies juntillas que así se está ganando el cielo. O por lo menos un metro cuadrado de cielo.
Si te peleas con el doñerío luego se alegran de cualquier desgracia que te ocurra. Ríen a carcajadas para demostrarte su desprecio. Y aun así creen en el Señor de la Sentencia. Ah, el doñerío nunca se equivoca. El doñerío te corrige en todo y todo el tiempo. La vida del doñerío es tan vacía que por eso quiere meterse en la tuya. Es el doñerío y no las doñitas. Aunque el doñerío también tiene corazón.
Me dan pena estos pobrecitos que no tienen qué comer, dicen con frecuencia. Exacto: simula que tiene corazón. Todo lo anterior es el doñerío. El corazón del doñerío se resume en obsequiar a los pobres cosas inservibles. Cosas inservibles como ropa recontra usada. Cosas inservibles como pan seco. Cosas inservibles como tazas desportilladas. Así nos ganamos un cachito de cielo. 
El doñerío también es chantajista. Te hacen un favor (o varios) y emplea eso para después agarrarte por los huevos.
Eres un desagradecido, te dicen. El doñerío es hipócrita, ya lo dije, también es mentiroso, está recontra enfermo. Algo no funcionó bien en su niñez y el doñerío se la quiere cobrar contigo. El doñerío es, habitualmente, muy racista. Tiene frases favoritas, digamos que claves en su léxico:
           
Palabra uno: El negrillo ese.
            Palabra dos: El pobre cholito.
            Palabra tres: La birlochita de la esquina.
           
Y mientras tanto el doñerío cree en el Señor de la Sentencia. Y mientras tanto el doñerío siempre te dice lo que debes hacer. Al doñerío no le importa tu opinión. El doñerío cree que no puedes elegir por vos mismo. El doñerío también se cree irremplazable. Para el doñerío el mundo se acaba si ellas se mueren.
También el doñerío se baña en perfume. Habitualmente ácido y baratón. El doñerío usa el perfume para pasar por gente decente. El doñerío va a comprar ropa de marca a la 16 de Julio ataviada de unos anteojos oscuros para no ser reconocido. La ropa del doñerío la delata porque la muestra demasiado: la etiqueta se convierte en un ser humano.
El doñerío es generalmente gente estúpida. No sabe muchas cosas. Lo malo es que tampoco se las inventa. Solo inventa chismes. El “dice que este es así” es otra de sus frases preferidas. El doñerío nunca dice mentiras. La verdad para el doñerío tiene un solo color (el suyo).
Y ya que andamos por este terreno me gustaría profundizar con algo ya anotado, algo importante: el doñerío disfruta de la desgracia de los otros. Si alguna vez enfrentas al doñerío te percatarás que nunca te verán a los ojos. No son capaces de sostenerte la mirada. El doñerío cree en los milagros, también. Recibe al Papa derramando lagrimitas. Y luego desprecia a cualquier ser humano. Te insulta. Te mira por encima del hombro. Y aun así le reza al Señor de la Sentencia.
Boliviana y boliviano, si ya diste el salto y no quieres saber nada más de ellas, es decir de las doñas que conforman el doñerío, entonces acá van algunos consejos que a lo mejor lleguen a ser de gran ayuda.

Consejo uno: no les dirijas la palabra. El silencio de tu parte es un veneno mortal para ellas
            Consejo dos: piensa en cosas bonitas y aléjalas de tu mente.
           
Aunque a veces el doñerío es fuerte y nada de lo anterior funciona. Digamos que ese suele ser el doñerío más profesional. Paceñamente fuerte. Entonces solo hay una cosa por hacer. A continuación la mejor receta para acabar con el doñerío, para poder destruirlo.
           

Solo sé feliz y así arruínales la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario