jueves, 5 de junio de 2014

Desde la butaca

Festival Barroco, encantos y desencuentros

Crónica resumen del reciente Festival bianual realizado en la Chiquitania.

 
Cuadro de Ejti Stih
 Lupe Cajías

Las gotas de la interminable temporada de lluvia de este 2014 compartían el sonido armonioso de los coros y violines en la última actuación vespertina del X Festival Internacional de Música Renacentista y Barroca Americana “Misiones de Chiquitos”, organizado bianualmente por la Asociación de Arte y Culturas, APAC, en las tierras bajas bolivianas.
Una vez más, como desde hace dos décadas, los cruceños tuvieron el privilegio de recibir en la ciudad y en las provincias a los mejores grupos internacionales especializados en música barroca y renacentista durante los diez días del mejor festival en todo el continente y uno de los cinco más prestigiosos a nivel mundial.
El esfuerzo de la APAC al mando de Cecilia Kenning se ve recompensado por el creciente respaldo del público. En los pueblos de Chiquitos, Camiri, Choquis y Yacuiba, las familias acuden en masa a llenar las capillas. La ampliación al Chaco y al departamento de Tarija evidenció la vitalidad de este esfuerzo que se ha convertido en un referente mundial.

Coproducciones internacionales
El Festival se caracteriza además por promover el intercambio de conocimientos y de experiencias entre grupos nacionales, varios con intérpretes indígenas, y grupos internacionales. Este año se estrenaron nuevas coproducciones.
El Ensemble Martín Schmid, bajo la dirección de Daniela Dolcci, y los músicos de Música Fiorita de Suiza interpretaron un repertorio inédito de música misional transcrita del Archivo Musical de Chiquitos. Como comentó Piotr Nawrot, el director artístico del festival, los archivos musicales bolivianos son inagotables.
El Coro y Orquesta Arakaendar, conformado por músicos cruceños, cochabambinos y orureños, lanzó a nivel mundial el programa “Música de las Misiones Guaraníes”. Ellos conformarán un ensemble con músicos de Noruega y de Inglaterra para ejecutar juntos esas piezas que Nawrot rescató en guaraní. El coro del pueblo de Paurito, a pesar de no ser profesional recibió el aplauso por la calidad de sus voces.
Un tercer ensemble estuvo conformado por el mismo grupo Arakaendar y músicos del RCN London para el lanzamiento del programa “Del barroco al rococó” que presentó obras del Virreinato de la Plata durante el siglo XVII.
El Ensemble de Profundis de Uruguay, Los Ministriles de la Cañada de Argentina y los coros Santa Cecilia y Urubichá conformaron otro ensemble con música del Archivo Nacional de Bolivia en honor a San Ignacio. Los Júbilos reunieron a 60 músicos que recrearon villancicos coloniales en el más emocionante concierto de los grupos bolivianos.
La presentación de música recopilada en el Archivo de Sucre fue otro gran momento en el Festival.
Otro hermoso programa se desarrolló con 24 misas dominicales en toda la capital cruceña con la participación de 12 grupos bolivianos de música barroca, rememorando cómo aquella acompañaba los rituales católicos de hace centurias.

Encantos y desencantos
Musicalmente inagotable, el Festival permite gozar la belleza del sonido del arte humano en el entorno del silencio de la selva.
Los espectadores comparten la integración por encima de procedencias geográficas, étnicas, generacionales y renace la más cálida humanidad, con la alegría de aprender colectivamente emociones y sentimientos.
Bolivia muestra su mejor rostro, la hospitalidad camba, los pueblos tradicionales, la gastronomía. En muchos rincones se encuentran locales administrados por parejas de cruceñas y sus esposos, sea el alemán de Santiago de Chiquitos, o el francés de San José de Chiquitos.
Sin embargo, el Festival mostró también los límites reales a la propaganda para atraer turistas: caminos, hospedajes, servicios de salud, saneamiento básico. El recorrido de Santa Cruz hasta San Ignacio de Velasco está lejos de la publicidad de la ABC, baches permanentes retrasaron la llegada de los turistas y en algún caso se lamentó accidentes e incidentes que sufrieron artistas y espectadores.
Los hospedajes en Ascensión de Guarayos son una lástima, sucios e inseguros y tampoco son cómodos la mayoría de los hostales en San José. No es posible pasar la noche en Urubichá. APAC no puede ser responsable de esos detalles y se nota el descuido del área de turismo, tanto a nivel departamental como a nivel del Ministerio de Culturas y Turismo. Es urgente que existan exigencias para cumplir estándares mínimos o dejar de lado a los hoteles que no se esfuercen por ofrecer comodidad e higiene a sus visitantes.
El mejor ejemplo de un buen hospedaje está en Santiago de Chiquitos, donde un hotel boutique recibe al caminante con una cama limpia, delicioso desayuno, Internet y paseos para conocer la bella región chiquitana.
No todos los gobiernos municipales ayudan tanto como Concepción, San Ignacio, San Javier, Roboré. En Ascensión, la alcaldía se esfuerza pero los empresarios hoteleros no acompañan el entusiasmo de la alcaldesa indígena.
El Estado Plurinacional gasta millones en las carreras del Dakar, pero apenas se asoma para apoyar los esfuerzos culturales. Sin embargo, se nota cada versión una mayor presencia económica pública que ojalá garantice la sostenibilidad del festival y evite los sufrimientos del personal de APAC. Por lo menos este 2014, equipos móviles de Bolivia TV estuvieron en casi todos los escenarios y trasmitieron conciertos en vivo.

Finalmente, llama la atención la ausencia de autoridades originarias como invitadas en los conciertos. Aparecen políticos de la Gobernación pero no los líderes de los pueblos chiquitanos, poblaciones que protegieron y cuidaron durante siglos las partituras que hoy se estrenan en todo el mundo.

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