sábado, 27 de junio de 2015

Sombras nada más

Sobre el filo de las hojas


Reseña de El filo de las hojas (3600), el más reciente poemario de la escritora paceña Jessica Freudenthal.



Gabriel Chávez Casazola

La obra de Jessica Freudenthal ocupa un lugar distinto en la poesía boliviana actual. Si bien no deja de tener ciertos filamentos tendidos hacia nuestra tradición poética, con la que dialoga de manera puntual y musitada, su voz explora, hurga, en la que aquí es casi una terra incognita: las comisuras del lenguaje, sus resquicios, las hendiduras entre la representación verbal y lo representado, los intersticios entre el nombre y lo que el nombre nombra, las imposibilidades del decir, acaso comprendiendo, con Emily Dickinson,  que It is the Ultimate of Talk  / The Impotence to Tell  (la última palabra / dice de la impotencia de decir, según la traducción de José Manuel Arango).
Sí, en El filo de las hojas Jessica Freudenthal nos dice, y es más, nos muestra (pues aquí las palabras y el silencio se despliegan y repliegan más allá de lo convencional, como hilvanando un imaginario -es decir, un repertorio de imágenes- verbal) que el lenguaje es una trampa que nos escribe, que somos pedazos de palabras, efecto, no causa, apenas un campo semántico reductible, limitado con y por la muerte y que la muerte no es palabra, que no puede traducirse, tan solo ser tachada o tachadura (o una página en blanco).
¿La existencia será palabra, entonces? Esa perplejidad, acaso esa expectativa, parecieran acechar en las emboscadas que esta escritura nos tiende, pues no se nos ofrece a una inteligibilidad inmediata.
Como toda la buena poesía del lenguaje (pues hay otra que-ahí-se-queda) pide ser ahondada. O a veces, quiere ser solamente percibida como límite -escritura sobre el filo de las hojas, andadura al ras de la navaja, exploración del borde- y no precisamente comprendida.
Retorno al origen y a la pregunta por el mal, a dilemas y mitos arcanos, a mujeres y entelequias femeninas, de Judit a Ifigenia y de Beatriz a Ofelia, víctimas reales de un monstruo imaginario o víctimas imaginarias de un monstruo real (la poeta dice haber concebido el libro, aunque no tuve esa primera lectura, como la historia de un asesino en serie), esta poesía oscura se halla hendida en su fondo por el sentido, como el mar que Nietzsche quiso para su Zarathustra.  

Después de todo, contemplando esa grieta, tal vez Jessica esté equivocada y sea sencillo / mostrar la belleza / aquello que debería / permanecer oculto pero sale a la luz, como el ser debajo del lenguaje, como la existencia más allá de la última palabra que diga de la impotencia de decir.

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