jueves, 21 de agosto de 2014

Nota de apertura

Un Cronopio y una boliviana. Historia de una correspondencia

Julio Cortázar, de puño y letra. Cuatro postales y dos cartas inéditas que el autor de El perseguidor envió a la paceña Rosario Santos. Una revelación de sus últimas horas, y algunas historias poco conocidas del maestro de la literatura universal, a pocas horas de la celebración de su centenario.


Martín Zelaya Sánchez

Tengo en mis manos cuatro tarjetas simples, comunes… cuatro viejas postales como las que por miles de millones circulan -circularon sobre todo antes de la tiranía de la web- por el mundo entero… y casi no aterrizo de asombro: son cuatro postales que alguna vez tocó Julio Cortázar, las escribió a mano, las firmó, y las envió con mucho cariño a su amiga boliviana.
En las páginas 273 y 274 del libro Cortázar de la A a la Z, un álbum biográfico, se muestran fotografías (en anverso y reverso) de algunas postales nunca antes publicadas que Julio Cortázar envió a Ricardo (¿familiar?, ¿amigo?).
No se consignan, no obstante, en el precioso libro publicado en febrero de este año, las postales que el Cronopio envió a la paceña Rosario Santos.
Hace algunos años, en otro medio escrito, me tocó revelar algunas de las cartas que Julio (así firmaba, siempre a pluma aunque la carta hubiese sido redactada a máquina) le envió a su “querida bolivianita”, y ahora, por gentileza de la otrora destacada gestora cultural y directora de la revista Review de Nueva York, reproducimos el texto de cuatro tarjetas postales que recibió de su dilecto amigo -“con quien en una ocasión paseamos del brazo a orillas del Sena”, recuerda sonriendo- entre 1976 y 1979.
Es esta, creo, una manera de aportar, con un granito de arena, aunque sea, a las conmemoraciones que por estos días proliferan en el mundo entero debido a que el próximo 26 de agosto se cumple el centenario del extraordinario autor argentino.

Recuerdos
Doña Rosario Santos volvió a recibirnos en su departamento en Sopocachi, como aquel enero de 2009, y esta vez, con mayor confianza y amabilidad, mostró su “archivo Cortázar” en el que guarda celosamente una veintena de cartas, la mayoría a máquina aunque acentuadas y firmadas a mano; una sola a pulso (ver imágenes) y las referidas cuatro postales.
Además, hay algunos afiches de presentaciones y lecturas -en inglés todos- de la época en la que ella organizaba eventos para el Center of Interamerican relations -hoy American Society- en la Gran Manzana, ocupación que, entre 1970 y 1985,  le permitió codearse con muchos de los grandes autores del boom, pero sobre todo con artistas plásticos latinoamericanos.
“Julio era un ser humano muy cálido, abierto a conversar con amigos y con la gente que lo saludaba…porque siempre tenía mucha curiosidad por conocer a gente nueva”, recuerda Rosario, mientras revisa las postales.
“Luego de conocerme, y de que trabamos amistad, tenía muchas ganas de conocer Bolivia, decía que conocía a muy pocos bolivianos… lastimosamente nunca pudo llegar”.
En una carta fechada el 27 de octubre del 76 en Nairobi (que ya fue publicada en la referida nota de 2009) Julio le dice a Rosario:
“¿Y ves que tu carta llegó a Nairobi? Eso sí, después de extraños itinerarios… Espero que al inspector que abrió el sobre le haya gustado la preciosa foto a orillas del Sena, y haya podido admirar lo bien que se te ve tan chiquita a mi lado, y con el fondo del Sena y del Louvre en la otra orilla”.
Casi como si hiciera referencia a ese paseo de la mano de su amiga boliviana, En Cortázar de la A a la Z, se reproduce una entrevista grabada en la que el Cronopio dice: “Caminar por París –y por eso califico a París como ‘ciudad mítica’- significa avanzar hacia mí”.
Sin más preámbulos, vámonos con las postales inéditas:


31/3/6
Querida Rosario, gracias por tu mensaje tan cariñoso. Me tranquilizas y me das una gran alegría, porque sé que ya nos veremos aquí o allá, siempre. No te escribo una carta porque ya salgo para Costa Rica y Cuba. Te enviaré noticias apenas pueda. Tengo aquí excelentes referencias de la novela de Skármeta, pero no puedo escribir largo sobre eso. A mi vuelta si quieres. Hasta siempre, con todo cariño.

Julio

* Postal aparentemente enviada desde Palermo, Italia y que muestra en reverso una escena de un cuadro de la Entrada de Jesús en Jerusalén, de la Capilla Palatina.
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25/9/78

Mi querida Rosario, recibí tu postal de España. Yo también anduve por allá (solamente Barcelona, siempre bella y animada). Te imagino de regreso a Nueva York. Yo cancelé mi viaje a California porque las condiciones de trabajo no eran buenas. Me quedaré en París hasta diciembre y después ya se verá. He pasado un año muy duro pero estoy ya del otro lado y soy feliz con Carol, que me trajo paz y cariño. Dos cosas que también te deseo, junto con el afecto de siempre de

Julio

* Postal que en el reverso muestra una imagen de La anunciación, del Altar de Avia del Museo de Arte de Cataluña, Barcelona.
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5/2/79

Querida bolivianita:
¿No te llegó mi carta? La mandé a tu casa. Tal vez se cruzó con la tuya, pero por las dudas te repito que aceptaba la publicación del texto sobre mí. Y ahora te digo que también acepto que publiques mis líneas sobre Luisa. Me dará un gran placer, puedes estar segura.
Besos,

Julio

* Postal con la imagen de La Virgen María y el Niño Jesús (Sano di Pietro, 1300) del oratorio de San Bernardino en Siena, Italia.



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S/F (75)

Querida Rosario: Se me ocurre que una bicicleta y una …. (ilegible) como éstas te quedarían muy bien para tus paseos por Central Park.
Si te decides, puedo enviarte los modelos adecuados. ¿Estás bien, entras con buen pie en el 75? Yo tengo la gripe pero no es nada grave. Me hubiera gustado (¿?) para las fiestas en New York, lo que es mi manera de decirte otra cosa que comprenderás.
Besos,

Julio

* Postal que muestra el cuadro Nos elegantes bicyclettes, en el que, claro, se ve a una joven montando una bicicleta.


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Apoyo 1

Más cartas desconocidas

En 2009 Rosario Santos me envió fragmentos de algunas cartas de Julio Cortázar, confesando que se reservaba el derecho de compartir otras de tono personal y privado.
De todas maneras, sin atentar contra la intimidad de los amigos (de Julio y su “querida bolivianita”) accedí ahora a un par más de misivas que no se hicieron públicas en febrero de ese año.
Además, para quienes deseen leer la nota publicada el 15 de febrero de 2009 en el suplemento Fondo Negro, entonces a mi cargo, la publicamos completa en el blog de LetraSiete, (letrasietebolivia.blogspot.com) junto con imágenes y escaneos.
Van entonces las dos cartas inéditas:

Berkeley, 20 de noviembre de 1980

Querida Rosario:
Te agradezco mucho tu llamada del otro día, y a la vez lamento no haber podido ser más explícito y poder charlar un rato largo contigo, porque me pasaron tu llamada a la oficina donde yo estaba reunido con algunos estudiantes para discutir cuestiones sobre sus “papers”. De todos modos creo que pudimos verificar los dos que estábamos muy bien, por lo menos en tu caso te sentí en pena forma y me alegré mucho.
Mañana nos vamos del país a bordo de un barco sueco, como creo que ya te deje, es un viaje de 20 días que me permitirá descansar de estas fatigas universitarias que han sido bastante intensas. Lo he pasado muy bien, y tuve un diálogo excelente con mis estudiantes; desde luego que la literatura solo fue una parte de ese diálogo, porque el interés por los problemas latinoamericanos era muy grande entre los asistentes, y por mi parte cada día creo más que mi deber es dar toda la información posible sobre los que se ignora o se quiere ignorar en este país (y en tantos otros, por cierto). En suma, que ha sido un trabajo duro pero lleno de satisfacciones. (…)
Qué tontería que hayamos estado al mismo tiempo en Zihuatanejo y no nos hayamos encontrado. Me parece increíble porque Carol y yo vivíamos en uno de los bungalows de “Las Urracas”, al borde de la playa, y tanto ella como su hijo y yo nos pasábamos largas horas en el agua o tomando sol en la arena. Muchos latinoamericanos me reconocieron (aunque por cierto, fueron discretos y no invadieron nuestra tranquilidad) y me resulta difícil imaginar que hayamos podido estar tan cerca sin vernos.
Te hice enviar un ejemplar de mi libro de cuentos, espero que lo hayas recibido, aunque con el correo mexicano ya se sabe… En todo caso, dime si no recibes nada, y te mando un ejemplar desde París; estaremos allí a mediados de diciembre.

Julio

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París, 5 de enero de 1982

Querida Rosario:
Muchas gracias por tus líneas (fechadas el 7 de noviembre, pero que solo recibo ahora) y por el simpático cheque azul. Estos pequeños cheques que uno no espera en absoluto, son siempre muy agradables de recibir sobre todo a comienzo de año, pues tienen algo de mensaje favorable.
Pude haberte escrito antes, ya no sé cuándo lo hice por última vez, pero estuve muy enfermo el verano pasado y todavía tengo que cuidarme bastante. Te lo digo para explicarte por qué no he ido a Puerto Rico como estaba prometido, ya que los médicos me prohibieron salir de París y solo dentro de un par de meses, espero, tendré carta blanca para reanudar algunos viajes. Me dolió mucho no ir a Puerto Rico (estoy en deuda con ellos desde hace muchos años) pero espero arreglar alguna cosa para el otoño próximo.
Como puedes ver, estoy lejos de poder visitar Nueva York hasta un futuro poco preciso. Entre tanto, espero que tu trabajo siga muy bien, que te diviertas lo más posible con él, que es la única cosa que justifica el trabajo en este mundo. Yo he vuelto a escribir un poco después de ese verano tan duro, Y creo que hacia agosto o septiembre saldrá una antología de poemas con textos en prosa y otras cronopiadas. Me divierto haciéndolo, y a la vez soy más severo que nunca.
Gracias otra vez por tus líneas, y un abrazo cariñoso de tu siempre amigo.
Julio
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Apoyo 2

De un Julio a otro Julio
Julio Silva y Julio Cortázar

Si ponen en el Google “Julio Cortázar Julio Silva”, encontrarán miles de referencias a la entrañable amista del autor de Rayuela con el destacado artista plástico franco argentino que, además de ser su confidente y cómplice de proyectos y sueños, le ayudó a concebir-diseñar La vuelta al día en ochenta mundos y Último round.
Pero no hay en ningún portal referencia de la muy emotiva carta -que abajo transcribimos- en la que Silva le comenta a Rosario Santos sobre  los últimos días de Cortázar. Tampoco hay la imagen de los julios que acompaña esta nota, aunque sí otras tomadas en la misma secuencia. ¿Cómo obtuvo esta instantánea doña Charo?

Sábado 18 -f- 84

Querida Rosario, esta mañana recibí tu carta que mi corazón sabía que estaba volando para aquí, te contaré todo cuando se irá calmando el recuerdo, triste mortaja el recuerdo. Su primera esposa Aurora Bernárdez lo asistió hasta su partida, los amigos, Tomasillo, Saul, …(ilegible) y yo lo veíamos por turnos para no cansarlos. Estaba lleno de proyectos, pero…

Yo salgo con la flia para Marruecos una semana, vuelvo el domingo 26 f, te escribiré largo, largo… Te abrazo tanto, tu amigo Julio (Silva). 

1 comentario:

  1. Hola Sr. Martín Zelaya. Estoy investigando la estancia de Julio Cortázar en una de las playas del pacífico mexicano. Mi intención es contactar a la señora Rosario Santos ya que ella -leyendo sus cartas- también veraneó por las playas de México. Le dejo mi correo para ahondar en mas detalles cristianambario@hotmail.com

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