domingo, 3 de julio de 2016

Música

Bernstein en La Paz de los 50

Un poco de memoria. De cuando el legendario Leonard Bernstein y la New York Philarmonic Orchestra -¡nada menos!- llegaron a La Paz en mayo de 1958.



Martín Zelaya Sánchez

Siempre, en La Paz, nos quejamos de que -entre infinidad de penurias y carencias- casi nunca tenemos la ocasión de presenciar espectáculos musicales y artísticos de primer nivel, y de que cuando la ocasión se da, “apenas” tenemos el viejo Teatro Municipal para acoger estos eventos.
Nos rasgamos las vestiduras, además, lamentándonos de que no hay instituciones que apuesten por el fomento a las bellas artes, y ¡ni qué decir el Estado! Lastimosamente esta realidad se da las más de las veces, pero las pequeñas excepciones realmente merecen ser destacas y, en este caso, rescatadas.
Hace ya 58 años y pocas semanas, el 15 y 16 de mayo de 1958, tocó suelo paceño el prestigioso y emblemático Leonard Bernstein a la batuta de la New York Philarmonic Orchestra, acaso una de las mejores filarmónicas solo detrás de algunas inigualables europeas.
“Desde que Leonard Bernstein se hizo cargo de la dirección de esta orquesta para sustituir al gran Bruno Walter, repentinamente enfermo, el nombre de este pianista, compositor y director, de la noche a la mañana, ganó súbita fama, al extremo de que no solo le llovieron ofertas de afamados elencos norteamericanos, sino también de Europa”, comenta el maestro Pablo Mendieta, músico y compositor boliviano para dar cuenta del prestigio del visitante en la Bolivia que, precaria aún (¿precaria también entonces?) en actividades artísticas y culturales, salía al menos de peor ostracismo a seis años ya de la Revolución Nacional.
¿Por qué hablar ahora de este hecho? Una visita, como siempre grata y productiva a la Fundación Flavio Machicado, y la entusiasta conversación con su director, don Fernando Machicado, dio pie a la revisión sumaria de dos cuadernillos históricos que dan cuenta de la presentación de Bernstein y, un año después, el 12 y 13 de junio de 1959, la llegada de la National Symphony Orchestra of Washington, a la cabeza de Howard Mitchell.
Al respecto, un recorte de prensa del 12 de junio de ese año -no puede apreciarse ni firma del autor ni el nombre del periódico- señala: “Howard Mitchell, director de la Orquesta Sinfónica Nacional del Nueva York que se presentará hoy y mañana en el Teatro Municipal de esta ciudad, es por nacimiento y educación americano. Esto ha contribuido a dar una genuina fisonomía a la orquesta que dirige”.
Comenta Mendieta sobre este evento: “Entusiasmado por la travesía de Bernstein hacia rincones del mundo cuyo arte era reconocido esencialmente por la riqueza de su música autóctona, Mitchell se fijó la meta de visitar Bolivia un año después a ofrecer conciertos (los famosos conciertos a 4.000 metros de altitud como fueron denominados) con música de Mozart, Brahms, Copland, Sibelius, entre otros grandes compositores. Mitchell, sucesor en la National Symphony Orchestra, del magnífico Hans Kindler fue ovacionado, según la crítica de los periódicos de aquel tiempo, por un público embelesado por la precisión en cada nota, en cada detalle y en cada sonido que el maestro arrancaba de una música alumbrada por una atmósfera de embrujada seducción”.
Hojeando el programa impreso para el concierto de la filarmónica neoyorquina, auspiciado por la línea aérea Panagra y con una docena de publicidades de hoteles, confiterías y grandes casas importadoras, además del repertorio (Haydin, Harris, Gershwin, Ravel, Schumann y Tchaikovski), se aprecian perfiles comentados de Bernstein y del director invitado, Carlos Chávez. Textos todos a cargo de Humberto Viscarra Monje.

Muy similar en formato y detalles es el librillo dedicado a la sinfónica de la capital estadounidense. En aquella ocasión, el maestro Howard optó por un repertorio compuesto por piezas de Mozart, Creston, Brahms, Berlioz, Copland, Strauss y Sibelius.
Bellos recuerdos, notables antecedentes. Queda agradecer al fabuloso archivo de los Machicado que entre innumerable material histórico, atesora con seguridad muchas de estas “viejas novedades” que pueden ayudarnos a tener un mejor panorama del pasado inmediato de nuestra actividad cultural.
Cierra Pablo Mendieta, sobre el célebre Bernstein: “Apercibido de que en la década de los 50 se vislumbraba en Bolivia una saludable evolución musical exteriorizada por compositores de la talla de Jaime Mendoza Nava, Gustavo Navarre o Antonio Ibáñez, entre otros, Bernstein se presentó en La Paz, al frente de su orquesta  con un programa que cautivó a un público enfervorizado. El hecho de escuchar la Sinfonía Nº 104, London, la última de las doce Sinfonías de Londres, de Joseph Haydn; Un americano en París, de George Gershwin; La Valse, de Maurice Ravel; la Sinfonía nº 6, de William Schuman; o la Sinfonía india, del mexicano Carlos Chávez, obra de exquisito telurismo de la América profunda, fascinó por la calidad orquestal, pero sobre todo por un virtuoso Leonard Bernstein cuya libertad de expresión musical hacía resaltar la sonoridad de la orquesta y la delicadeza de las melodías con gestos de dirección expresivos, plenos de corazón y oído”.


No hay comentarios:

Publicar un comentario