domingo, 3 de julio de 2016

Cine

Un evento de película

El cómo, el por qué y el para qué del Bolivia Lab, un crucial evento del cine y para el cine nacional.



Rodrigo Quiroga Castro 

I
Siete años atrás, decidí guardar en un baúl mi título de economista y, junto a dos amigos, me lancé a la aventura de hacer cine. Por ese entonces, gracias a los avances tecnológicos, para comprar una buena cámara y una computadora potente ya no era necesario endeudarse, de modo que dimos el primer paso sin pensarlo mucho. Pero claro, pronto comprendimos que para hacer una película había que dar más pasos, y que cada uno de ellos implicaba no solo dinero, sino tiempo, mucho tiempo.
La cámara puede ser excelente, pero sin un juego de lentes es como un Ferrari sin ruedas. Y aunque tengas el equipo completo, sin la iluminación adecuada, las imágenes parecen tomadas con cámara de seguridad. Luego está el asunto del sonido, el vestuario, el decorado... en fin, una serie de elementos que son indispensables (y cuestan) para filmar una historia. Y ahí radica el primer escollo: en la historia, ¿qué vamos a filmar?
Desde concebir la idea hasta terminar el guion de un cortometraje, por ejemplo, fácilmente pueden pasar seis meses, si no más. Durante ese tiempo, ¿de qué se vive? Pues hay que sacarle jugo al equipo: hacer spots, memorias audiovisuales, documentales institucionales, etc. Así, poco a poco, se va financiando la producción del corto, aunque su realización demora más de lo pensado. Y cuando acaba el rodaje, viene el proceso de postproducción, el montaje, la sonorización, la colorización y varios toques de obra fina.
Finalmente, cuando el corto es exhibido, recién notas los errores; o más bien, te los hacen notar. Ahí piensas: ¿cómo no nos dimos cuenta?

II     
Hace casi una década, cuando Fernando Martínez y Viviana Saavedra -director y productora, respectivamente, del documental ¿Por qué quebró McDonald's?- estaban representando a Bolivia en un encuentro de cine del Mercosur, les surgió la idea de crear un espacio de formación de proyectos audiovisuales en nuestro país. El intercambio de experiencias con cineastas latinoamericanos les había hecho comprender que, si bien en Bolivia había mucho talento, nos hacía falta formación integral sobre la industria cinematográfica.
Así nació el primer Bolivia Lab, que, como su nombre insinúa, fue concebido como un laboratorio de proyectos audiovisuales. Un espacio de experimentación, si vale el término, donde productores nacionales y extranjeros podían poner a prueba sus ideas, analizar si su realización era factible, y además, obtener asesoramiento de profesionales en distintas áreas de la industria: guionización, edición, distribución, etc.
En esa primera versión (2009), participaron 12 proyectos iberoamericanos y 8 bolivianos -entre ellos, Boquerón, de Tonchi Antezana-, y ni Saavedra ni Martínez previeron que el Bolivia Lab iba a adquirir la dimensión y el prestigio que actualmente goza. Entusiastas y convencidos de que era un espacio necesario para el cine nacional, se dieron modos para gestionar y organizar el evento, tocando puertas de instituciones públicas y privadas.

III
Después de una primera experiencia, si las críticas demoledoras no destruyen el espíritu aventurero, uno aprende a ser más cuidadoso, más rigurosos y exigente en todas las etapas de la producción audiovisual. Entonces, el segundo cortometraje -o el tercero o el cuarto- quizá resulte mejor, y eso, luego de la satisfacción inicial, conlleva un nuevo dilema: ¿cómo podemos hacer que la gente lo vea?
Averiguando por aquí, googleando por allá, te enteras de que hay agencias que pueden promocionar tu obra, cobrando, claro está, un monto por el servicio. Postular a festivales no es imposible, pero hay que cumplir ciertos requisitos, como la preparación de una carpeta con la sinopsis corta (que “venda” el producto), la sinopsis larga, la ficha técnica...
Si un corto demanda tanto tiempo, dinero y trámite, ¿cuánto demandará un largometraje? Obviamente, es una apuesta riesgosa, de manera que la lógica indica que se debe minimizar el riesgo y maximizar la inversión. El asunto es cómo hacerlo.
Y es en este punto donde se aprecia cuán importante es el Bolivia Lab, pues es un evento concebido para la formación y el desarrollo de proyectos audiovisuales, destinado a profesionales emergentes en toda la cadena de la industria cinematográfica y audiovisual en Bolivia e Iberoamérica. En este espacio se aprende desde cómo preparar la carpeta de un proyecto para conseguir financiamiento, hasta cómo acceder a mercados de distribución cuando la película está finalizada.

IV
Durante las seis primeras versiones, el Bolivia Lab fue gestionado y organizado por sus creadores, Fernando Martínez y Viviana Saavedra. Luego, tras el lamentable fallecimiento de Fernando, y dado el crecimiento del evento, se conformó una red de colectivos (productoras y gestores) para que se hicieran cargo de las distintas actividades: laboratorios, mesas de diálogo, taller de guion y muestras de cine, entre otras tantas.
En el VII Bolivia Lab (2015) se presentaron 22 proyectos iberoamericanos y 8 bolivianos; 20 proyectos participaron en el taller de guion realizado en Cochabamba; tres proyectos fueron finalistas del premio “Finaliza”, con 15.000 dólares para postproducción en los estudios de Filmosonido (Chile), solo por mencionar los datos más importantes.

V
Como muchos otros colegas, sigo soñando con hacer cine, no he desistido de la aventura. Pero ahora estoy consciente de que, sin planificación, una aventura se convierte en naufragio. El cine es una industria y debemos formarnos para recorrer con éxito todas las etapas de la cadena.
Gracias a la visión de Fernando y Viviana, los cineastas emergentes de Bolivia contamos con un espacio de formación que nos permite adquirir conocimientos imprescindibles para competir en igualdad de condiciones en el mercado cinematográfico iberoamericano.

El 27 de junio comenzó el VIII Bolivia Lab, que ya se ha vuelto una marca país y un referente a nivel internacional, prueba de ello es que este año postularon más de 400 proyectos. Un verdadero motivo de orgullo para nuestro cine. Salud por eso. 

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