domingo, 7 de mayo de 2017

Libros

Qué vergüenza


El primer libro de la chilena veinteañera Paulina Flores, una de las revelaciones del año, una gran sorpresa



Ricard Bellveser 

La vida literaria -y sin ser literaria, la vida misma- tiene estas sorpresas, como que nos encontremos a una escritora de veintitantos años capaz de escribir relatos con una solvencia profesional tan notable, que de leerlos como hacen los enólogos con los vinos, en una “cata ciega”, esto es, probándolos sin saber de dónde son, a qué bodega pertenecen, de qué uvas está hecho y qué marca tiene, podríamos creer que estamos ante la obra de un experimentado escritor, incluso de un clásico contemporáneo.
Como sucede en las catas de vinos, al desenfundar la botella y poner la etiqueta a la vista, muchos especialistas se llevan una gran sorpresa y las manos a la cabeza.
Eso sucede con la chilena Paulina Flores (Santiago 1988), que es la revelación del último año, porque con su primer libro ha logrado sorprendernos a todos hasta extremos que no se recordaban. Pero no caeré en la trampa de dar a entender, o sugerir o que se me malinterprete, que lo que me alarma es que sea mujer, haciéndome con ello cómplice de la crítica paternalista tan alejada de mis intereses, sino por ser tan joven como es y tan capaz. Sorprende que sea joven y chilena y “a pesar” de ello, se haya impuesto a la tan alambicada como selectiva realidad editorial del mundo hispánico.
Su primer y de momento único libro es Qué vergüenza, que en Chile editó Hueders y en España Seix Barral, y contiene nueve relatos. Dice el editor español que trata “de la vida actual en las ciudades: mujeres que viven en edificios de viviendas; hombres que, al perder su trabajo, revelan los frágiles cimientos que sustentan la familia; jóvenes que trabajan en bibliotecas o en locales de comida rápida, y que recuerdan el día en que perpetraron un pequeño robo, las razones que los llevaron a separarse o aquel instante en que perdieron, definitivamente, la inocencia”, resumen cabal para invitar a la lectura y que reproduzco por lo mucho que me ahorra en explicaciones.
Y ahora que hablo de esto y de pasada ¿para cuándo una buena antología de textos de solapas de libros, con expresión de sus autores? Eso nos los debemos los que empezamos los libros por estas frases gancho, que en demasiadas ocasiones redactan excelentes escritores que no siempre han tenido suerte profesional y otras nos recuerdan a los pianistas alcohólicos de los garitos...
Con 25 años de edad, Paulina Flores ganó el Premio Roberto Bolaño 2014 con el relato que titula el libro y en el que cuenta la pequeña historia de las dos niñas que acompañan a su padre, en paro, o cesante, a una entrevista en la búsqueda de un empleo por medio del cual pueda recuperar su dignidad, todo ello sin dejar de ser el referente casi mítico que al menos para una de ella, él sigue siendo.
Usando sus propias palabras, estos relatos son como “manzanas a medio comer”, contadas desde una ironía despierta que aleja la dureza de algunas situaciones, y que suelen estar digeridas por la mirada de otro que es quien observa el mundo, y construidas desde historias aparentemente sencillas. Y utilizo el tópico de que en demasiadas ocasiones la sencillez es solo apariencia, porque la realidad verdadera es que en la vida, detrás de lo que sucede a nuestro alrededor, hay una intrahistoria o un intramundo que no siempre nos es permitido ver a primer golpe de vista.
Es el caso de la niña de origen humilde que veranea con sus primas de clase media y contrasta la vida, o el diario que espera ser acabado, o el sarcástico puzzle que construyen los recortes de periódicos con golosas ofertas de trabajo, tan tentadoras como para un hambriento observar el interior de un restaurante a través de los cristales. Es la ceremonia del desclasamiento deseado, provocado, forzado o simplemente sugerido.
En declaraciones al diario El Español confesó Flores: “Una siempre piensa que el cuento tiene que tener cierta forma, ¿no?, que tiene que ser algo como Carver o Hemingway, pero mi escritura no va por ahí. Yo quiero que la cosa rebalse. Quiero pensar”.
Y así son las cosas. En este libro todo futuro es pasado y es lo mismo. Por ejemplo, pierde su trabajo, pierde su empleo, pero en el relato está a punto de encontrar uno nuevo, es un cesante dejando de serlo, hay parejas que comienzan su relación cuando  sospechamos que todo va a fracasar por lo que casi empieza por el final, niños que nacen a la vida y todo va a ir mal, o un militar que tuvo mando durante la dictadura y ahora rebusca por las basuras (¿o no fue lo mismo?) y así todo comienzo está preñado de su final, todo inicio lleva en sus entrañas una pizca de fracaso.
Es un libro, insisto en ello, sorprendente, de una escritora asombrosamente joven, cuyas historias atraen por su vigor desconocido. Todo junto conforma un suceso muy poco frecuente.


1 comentario:

  1. Publicado en Letra Siete, suplemento cultural de Página Siete, La Paz, Bolivia

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