sábado, 9 de abril de 2016

De arte y artistas

Escorzo



El reconocido crítico de arte expone por primera vez sus trabajos, hasta mañana en la galería Blanco de La Paz.


Pedro Querejazu Leytón

Escorzo es el título de una exposición de dibujos inaugurada en la galería Blanco de La Paz el 23 de marzo y abierta hasta el 10 de abril, y en la que presento por primera vez mis obras.
La exposición está compuesta por 52 dibujos de figura humana, realizados entre junio de 2012 y marzo de 2016. Están incluidos cinco cuadernos de bocetos o dibujos terminados con temas variados.
La técnica y el material son los básicos: lápiz y papel. Lápices de varios grados, barras de grafito, lápiz carbón, barra de carbón, carboncillo, sanguínea y tinta de color sepia o negro aplicada con pluma o pincel. Papeles de diversas dimensiones, calidades y texturas, desde el kraf, color marrón, al blanco óptico; de textura rugosa o superficie lisa, gruesos y delgados.
Unas piezas son bocetos elaborados en pocos minutos, otras se resolvieron tras sesiones largas y repetidas. Dibujo espontáneo y rápido y obras acabadas; unas de trazos finos y tenues, otras con sombreado, manejando calidades y terminaciones diversas.
El tema de las obras presentadas es el de siempre, la representación del ser humano en su naturaleza, pero especialmente la visión en escorzo de la figura humana. El diccionario, define escorzo como la representación de un objeto o elemento tridimensional en los dos planos del lienzo o el papel.
El término está relacionado con otros dos: la proyección y el traslapo. No obstante y más apropiadamente, en arte el escorzo se define como: “perspectiva que se utiliza en pintura [y dibujo] para representar figuras perpendicularmente al lienzo o al papel”.[1]
En este caso propongo mostrar lo conocido y permanente desde ángulos diferentes, figuras en escorzo extremo; de ahí el título de la exposición. Es lo inusual de lo permanente relacionado con mi memoria cargada de registros de muy diversos orígenes.
En la exhibición se han incorporado 30 acuarelas para mostrar un cuerpo de obra constante y de larga duración. Las más tempranas datan de 1965, de cuando aún era estudiante de arte, y la más reciente es de 2016; cincuenta y un años dedicados al arte. Casi todas las acuarelas son apuntes o bocetos hechos in situ, que fueron quedando en mi archivo. Con frecuencia hice versiones elaboradas en el estudio a partir de estos y otros bocetos que en gran parte están en casas de parientes o amigos a quienes fueron regaladas.
He percibido que para muchos esta exposición es una total sorpresa, porque la gente me conoce más bien como crítico y curador de arte, aunque yo me defino más bien en dos planos como historiador del arte. Pocas de las personas que me conocen saben que estudié bellas artes y se sorprenden por esta primera exposición a estas alturas de mi vida.
Lo cierto es que todo está imbricado e interrelacionado. Estudie bellas artes durante 6 años en la Universidad Mayor de San Francisco Xavier de Chuquisaca, en Sucre. Tras graduarme, opté por la especialización en conservación y restauración de obras de arte en Madrid, y he trabajado en ese campo desde 1970 hasta el presente, entre lo que fui Experto de UNESCO en Cusco por cinco años, y consultor de las fundaciones Tarea, Antorchas y Andes, en Argentina y Chile.
Mi formación en bellas artes fue fundamental tanto para ese desempeño, como para otras variantes que fui desarrollando a lo largo de los años, como la crítica de arte, la curaduría de arte, la gestión cultural del arte, como profesor universitario, director del Museo Nacional de Arte, de la Fundación BHN y de la Fundación esART.
Finalmente la historia del arte que se ha traducido en la producción como autor de siete libros, y como editor y compilador de otros cuatro, además de numerosas colaboraciones en libros y revistas.
Cuando uno ha recorrido un largo trayecto y ha cumplido muchas metas, como las que he descrito antes, a veces es oportuno volver a lo básico. Retornar al principio para volver a empezar y explorar áreas que se fueron dejando de lado en fases anteriores. Cada camino que se reinicia resulta siempre nuevo y distinto porque incluye todo el bagaje acumulado en los andares previos. Uno de estos nuevos caminos es para mí el del dibujo y la pintura, largo tiempo mantenidos como adyacentes.
El origen de esta exposición de dibujo de figura humana es el cúmulo de obra producida durante los últimos cuatro años. Ninguno de estos dibujos se hizo pensando en una exposición. Esa idea vino mucho después, y es de mis tres hijas que quisieron que mostrara el trabajo acumulado. No obstante, lo que la exposición sí muestra es el deleite de dibujar, de trabajar con modelo, de matizar los lenguajes con dimensiones, materiales y texturas diversas.
Por otra parte, lo que empezó como una iniciativa individual acabó siendo un taller abierto de dibujo, pues otras personas se sumaron al disfrute de dibujar. Han pasado por el taller personas muy jóvenes que prometen ser grandes artistas en breve plazo, así como otros artistas, entre los que están Guiomar Mesa, Alejandro Salazar, Roxana Hartmann, James Moon y Álvaro Martínez.
La curaduría de la exposición, desde la estricta selección de las obras hasta el desarrollo de la museografía y el montaje, ha estado a cargo de mi hija Lucía Querejazu Escobari, que en algún momento hace muchos años decidió seguir una ruta semejante a la mía, y hoy es doctorante en teoría e historia del arte por la Universidad de Buenos Aires, y curadora de arte contemporáneo.

La pelusa que cae del ombligo

Sobre la expulsión de los poetas
y la vigilancia del Estado



Una reflexión sobre el siempre en deuda rol estatal con la cultura y el arte.


Omar Rocha Velasco 

Platón expulsó a los poetas de su República por dos razones fundamentales:
1) El poeta es doblemente mentiroso, está a una distancia doble de la Idea, de inicio todos los seres humanos (los esclavos, sumidos en la oscuridad de la caverna) están engañados porque solo ven sombras o, en otras palabras, todo lo que los sentidos perciben es engañoso. Pues bien, el poeta al imitar esa doble realidad engaña dos veces.
2) La segunda razón es menos evidente, en el fondo del problema el poema es incapaz de pensamiento. “El recurso contra el poema es la medida, el número y el peso”, dice Alain Badiou en su Pequeño manual de inestética. A la impotencia del poema se opone la potencia del matema.
En definitiva Platón desconfía en el poema, éste es para los sofistas y la matemática para los filósofos; el matema otorga conocimiento y el poema engaño. Sin embargo, y a pesar de lo señalado, Platón acepta en la República a la música militar y al canto patriótico.
Me parece que algo parecido sucede con las políticas del Estado en lo referente a las artes en general y específicamente a la literatura. Una constante vigilancia, una desconfianza que en extremos groseros llega a reducir la labor del Ministerio de Culturas al armado de tarimas o la organización de espectáculos para distraer a las personas que asisten a concentraciones masivas.
Un ejemplo: En 2010 el entonces viceministro de Descolonización, Félix Cárdenas, hizo una declaración polémica, dijo: “Tras la aprobación de la Ley 045 Contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación, el Gobierno apunta ahora a hacer cambios en el sistema educativo y aprobar una nueva malla curricular en la que no existan contenidos considerados racistas, como los libros de dos paceños: Raza de bronce (1919), de Alcides Arguedas, y La niña de sus ojos (1948), de Antonio Díaz Villamil, en un paso más para lograr la descolonización del Estado”.
Más allá del desliz, esto debe leerse como la irrupción de la proscripción o prohibición para visualizar cambios -obviamente varias personas ligadas al Gobierno, incluido el propio ministro de Educación, salieron a “matizar” las declaraciones excesivas del viceministro-.
El problema es que nunca se llegó al meollo del asunto y las discusiones quedaron en la superficie de la utilización política: El Ministerio de Educación se impuso la tarea inmensa de cambiar las currículas de primaria y secundaria, en el intento funcionó más la prohibición y la incorporación de canciones cívico patrióticas.
La oportunidad de incorporar y leer esas obras críticamente y desde otra perspectiva fue perdida. El desafío era no quedarse en las lecturas tradicionales de esos textos, son textos que pueden aportar mucho a los debates actuales y a los cambios que se quisieron emprender.
Estas novelas, que responden a los preceptos más duros del realismo social, evidentemente presentan “escenas” de discriminación, explotación, servilismo y corrupción, ¿cómo leerlas desde el presente? Responder a esa pregunta hubiera sido importante. Lamentablemente las currículas aprobadas, que fueron producto de la desconfianza y la vigilancia sobre el arte, dieron como resultado una oscilación entre Arjona y el civismo forzado (no se trata de una exageración, cualquiera puede acceder a esos documentos y corroborar los contenidos).
La nueva currícula es muy fuerte en sus principios: educación descolonizadora, comunitaria, productiva, etc.; pero el momento concreto de los materiales y la lectura que se hace de ellos deja mucho que desear.
Anudando lo dicho entonces: la actitud de desconfianza y vigilancia hacia las artes (viejo asunto que nos remite al mismísimo Platón) deriva en acciones públicas sustentadas en la marginación de aquellas expresiones que no condicen con las marchas militares y cantos patrióticos, léase: armado de tarimas; folklorización colonizada (por ejemplo, llevar actores de Hollywood a ver el Carnaval de Oruro); Los Kjarkas en concierto; los premios Eduardo Abaroa y un montón de ejemplos que no vale la pena mencionar.

En definitiva, es más fácil desfilar el 23 de marzo que ciento volando.

domingo, 3 de abril de 2016

Poesía

La poesía se traslada a La Paz y Oruro

El III Festival Internacional del Poesía de Bolivia se efectuará entre el 25 y 30 de este mes en diferentes espacios de ambas urbes. Habrá ocho autores invitados y se presentarán antologías y libros individuales. Conozcamos a fondo a los vates invitados.



Martín Zelaya Sánchez

En un ensayo publicado hace pocos meses en LetraSiete, Edwin Guzmán escribió: “El poeta es la más imprevisible de las criaturas. Para muchos, una de las más prescindibles; para pocos, una de las más esenciales. En realidad es una aparición, un golpe de dados, una condición azarosa que revela lo insólito de lo gravitante, lo real de lo virtual y el espíritu de la materia”.
Pues bien, siete de estas criaturas esenciales -claro está- siete de estos “aparecidos” serán los invitados especiales del III Festival Internacional de Poesía de Bolivia que por gestiones de Benjamín Chávez (director) y del propio Edwin Guzmán (subdirector) se efectuará entre el 25 y 30 de este mes en La Paz y Oruro.
Cinco años después de la última versión -más vale tarde que nunca- esta destacable iniciativa, que en sus dos primeras versiones supo concentrar a vates de la talla del uruguayo Roberto Echavarren, los argentinos Arturo Carrera y Jorge Boccanera, la chilena Carmen Berenguer, y los bolivianos Jesús Urzagasti o Héctor Borda Leaño, ambos homenajeados, reaparece con una serie de lecturas, presentaciones de libros, coloquios y, claro está, la oportunidad de que los lectores compartan de cerca con escritores de reconocida trayectoria.
Esta tercera versión, que está dedicada a Rubén Vargas -cofundador y coorganizador de los festivales en 2010 y 2011-, contará con la presencia, de los bolivianos Álvaro Díez Astete, Mónica Velásquez y Milenka Torrico, cubriendo así tres generaciones, tres amplios y diferentes registros, estros e impulsos poéticos. De afuera llegarán Leticia Herrera de México, Martín Zúñiga de Perú, Erik Varas de Chile, Francisco Hugo Rivella de Argentina  y Marcos Canteli de España.
“El Festival Internacional de Poesía en Bolivia, busca un intercambio de experiencias y propuestas poéticas entre autores nacionales y extranjeros, posibilitando el acercamiento de estudiantes, autores jóvenes y público en general a las propuestas contemporáneas de escritura que se están desarrollando en el mundo y cuyo conocimiento suele estar restringido al círculo de especialistas”, comenta Benjamín Chávez, el principal impulsor  del evento desde que en 2008 Fernando Rendón, director del legendario Festival Internacional de Poesía de Medellín le instó a crear un encuentro poético de alcance internacional, pero convocado y con sede en Bolivia.
Para dejar huella -más allá de la impronta imborrable de la buena poesía- en esta ocasión, el festival no solo editará una antología, como en las versiones anteriores, sino que además publicará un libro de cada poeta participante, así como una selección de poemas de los autores bolivianos que participaron en las anteriores versiones.
“La antología -señala Chávez- se edita por convenio con Plural Editores, los poemarios de los invitados extranjeros gracias a la editorial 3600 y la muestra de poetas bolivianos, saldrán bajo el sello Caletita de México”.

Siete poetas, uno por uno

1 Leticia Herrera (México)

El escritor y periodista boliviano Alfonso Gumucio Dragron escribió en escritoresyperiodistas.com: “un breve poema de tres versos tan sencillos como misteriosos fue la llave para descubrir la poesía fresca y crujiente al oído como el pan recién salido del horno, de Leticia Herrera. Su título es tan breve como infinito, Soledad, y dice así: “ayer me fui a cortar el pelo / necesitaba que alguien me tocara / auxilio”.
Nacida en Monterrey, en 1960, ha publicado los poemarios: Pago por ver (1984), Canto del águila (1985), Poemas para llorar (1993), Caracol de tierra (1996), Vivir es imposible (2000), Hace falta que llueva (2002), Poemas incompletos. 1984-2006 (2006), Solo digan que fui (2011) y Celebración del vértigo (aforismos, 2011). Disfrutemos uno de sus poemas.

Se rompió el tiempo en dos

cuando imposible es seguir jugando
me corto las uñas y los dedos
descoso la túnica de mi canto
y amorosamente me voy de ti

hay cuevas donde el eco muere
agujeros de pena deslavada
carcinomas de la tierra
heridas de la naturaleza
remansos de terror y sílabas rotas
no quiero vivir aquí
adiós   te quiero   adiós


2 Marcos Cantelli (España)

Nacido en Bimenes, Asturias en 1974, obtuvo el Premio de Poesía Ciudad de Burgos en 2005, ha publicado los siguientes libros de poesía: Reunión (1999), enjambre (2003), su sombrío (2005), catálogo de incesantes (2008), es brizna (2011) y cons ti tu ci ón (2015). También ha publicado el libro de ensayos Del parpadeo: 7 poéticas (2014).

Poema de su sombrío

establece morada en su sombrío, un lugar a punto de memoria —mero linimento de aguas azuladas de suyo transparentes conque pura oquedad

magisterio: que la escritura sana
cuando incorpora sombras


Sobre este poeta, Pablo López Carballo escribió: “Cada paso es una huella, una estela en transformación. Cada paso un animal diferente, una huella diferente; diferente desde sí y más aún desde los otros. La poesía como HUELLA, como tránsito, es el testimonio del estar vivo, de haber sido otro y del SER por encima de todo. Así es la obra poética de Marcos Canteli, consolidada ya, que no quiere decir repetitiva, ni tampoco en declive, sino OBRA con voz formada en crecimiento, ¿hacia dónde? Hacia todos lados y hacia sí mismo”.

3 Erik Varas (Chile)

Acerca de De contrabando uno de los principales trabajos de Erick Varas, escribió el crítico Pablo Lacroix: “es un poemario que trabaja la escritura bajo tres perspectivas cruciales; la experiencia del autor con el entorno, con su pasado y con su labor literaria. Podemos observar, que el gesto poético se entrelaza en gran parte con las correferencias de autores guía, como son Baudelaire, Antonio Cisneros, Burroughs, Auster, Luis Badilla, Roberto Bolaño, Pablo de Rokha y Martin Sheen, elementos intertextuales que dirigen la lectura, la complementan y potencian”.
Varas, Chillán (Chile), 1978, es Premio Ceres a las artes regionales del Biobío en la categoría de poesía  y el primer lugar en  el concurso Historias de  Nuestra Tierra. Ha publicado los poemarios De contrabando (2013). Es Director- Editor de La Mosquita Muerta Ediciones, primera editorial infantil del Biobío.

Perdidos en Traklpoy

Para entonces no teníamos más de veinte años
y lejos de la familia, lejos de esa irrealidad,
soñar era una experiencia posible para no perdernos
mientras buscábamos la salida de emergencia.
comenzamos con visitas diarias a fuentes de soda por Orompello, 
y  todo establecimiento sospechoso por Los Carrera,  
a cines estrafalarios de galerías antiguas
o esas largas caminatas sin sentido para engañar el hambre y la sed.
toda porfía a lo habitual era nuestro hogar,
hogar, templo y tumba.
nuestro error no fue la fe que pusimos en ello
sino el sentido de ruina en la  búsqueda:
doctrina habitaba en la vergüenza
también, pánico voluptuoso
y la poesía era una lejana vibración adentrándose
una hendidura,
la  irreversibilidad de un sueño recurrente
siempre en la misma dirección:
palomas devoradas por cuervos blancos.


4 Mónica Velásquez (Bolivia)

Poeta y crítica literaria nacida en La Paz en 1972. Según consigna Elías Blanco, estudió literatura en la UMSA (1996) y tiene un doctorado en literatura hispánica otorgado por el Colegio de México de aquella nación (2004).
A modo de sintetizar si bibliografía, Marcelo Villena traza una certera síntesis de su creatividad: “la obra poética de Mónica Velásquez destaca sin duda entre las que con mayor rigor y coherencia se ha desplegado en la poesía boliviana de los últimos quince años. Tres nombres para un lugar (1995), Fronteras de doble filo (1998), El viento de los náufragos (2005), Hija de Medea (2008) y La sed donde bebes (2011) trazan hasta ahora cuatro momentos de una trayectoria; una trayectoria que, por otra parte, Velásquez ha sabido alternar con una reflexión crítica cuya singularidad se aprecia sobre todo en el libro titulado Demoníaco afán. Lecturas de poesía latinoamericana (2010)”.

Hechicera

I.
Apenas abrí los ojos, ahí estaban ellos, los muertos
ignorantes todavía de su propio morir,
o los otros, los viejos amantes de la muerte
en cuyo mirar la vida era siempre más aguda;
unos adelantan la despedida de sus cuerpos
y andan sus palabras buscando mensajeros del después,
otros ya agotados equivocan las sendas del no retorno
y se refugian refunfuñando en muecas que da miedo ver
suelen venir a recostarse a mi sombra
con olor a pena reciente y madera encerada.
Mi mano, que ya les conoce el modo,
toma con prisa el dictado de lo pendiente.
Hay heridas hondas –me dicen– necesitadas de decirse.
Es el frío el que inaugura mis ojos,
el frío de los muertos que me visitan.


5 Álvaro Díez Astete (Bolivia)

Poeta y novelista, de profesión antropólogo, nacido en La Paz en 1949. Escribió la novela Devoración (1983) y los libros de poesía Viejo vino, cielo errante (1981); Abismo (1988); Cuerpo presente (1989); Púrpura profunda (1993); Homo demens (2000); Sonetos bizarros y otros poemas (2003); Escritura poética elemental (obras completas, 2003).
La argentina Verónica Ardanaz escribe: “Una parte de la obra de Díez Astete se hermana al surrealismo criollo, americano, de Molina, Pellegrini, Madariaga y Orozco, quienes habían deseado: “la encarnación de un mito de la poesía, que perdura y le da un sentido muy especial a la tarea del poeta, porque no se trata de una escuela literaria, sino de una concepción total del hombre y el universo”, un vivir poéticamente el mundo. “Como el amor, la poesía es la persecución de un secreto imposible. Oprimidos por la cultura, las ideas recibidas y su propio terror, los hombres, generalmente, se las ingenian para ahogar esa levadura salvaje. Pero su esplendor rescata en el hombre su naturaleza abisal. Palabra a palabra va dando la forma del deseo y, cuando rescata un destello de ese sol enterrado bajo la razón y la lógica de toda la violencia del mundo, se siente que ha cumplido su designio”.

Verbos

Amar volar
verbos de la poesía
volar amar volar
olor de tu cuerpo desnudo
amar volar amar
poesía de los verbos
volar amar
desnudo cuerpo de tu olor.


6 Francisco Hugo Rivella (Argentina)

Nació en Rosario de la Frontera, Salta, Argentina, en 1948. Tiene una extensa obra poética literaria y musical. Obtuvo más de 12 premios de poesía en Argentina, España, México, Ecuador y Guatemala. Publicó Caballos en la lluvia (2001), Zona de otros días (2006), Yo, el toro (2008), Centro de tormentas (2010), PUTAS (2011), Ojo astillado (2013), Piedra del ángel (2012), Espinas en los ojos (2014), Antología personal (2014).

Vuelve

Desnudo,
sin nada encima,
ni corbata, ni espuelas, ni saco, ni piloto,
sólo la luz de un fósforo quemándole la frente
y el poeta yaciendo 
como una beata en un prostíbulo.

En las uñas,
un tigre pregunta por su nombre.
Inyectados los ojos de sangre y de zarpazos
pregunta por la mujer que desnucó sus sueños,
que le entró con los dientes por la yugular

y lo escupió despacio en un rincón del cuarto.


7 Martín Zúñiga (Perú)

Nacido en Cusco en 1978, fue merecedor de los premios de Poesía Joven Martín García Ramos, Premio Internacional de Poesía Ángel Martínez Baigorri y el Premio Bienal Cope de Poesía, además de ser finalista de este último en la edición 2015.
Ha publicado los poemarios Gavia (2009), Pequeño estudio sobre la muerte (2010) y Cover (2011), además de la antología de poesía joven de Arequipa Rastros/Rostros (2011), entre otros.

p r o l e g ó m e n o s p a r a n o h a c e r n a d a.

convengamos que la verdad, que es llana, divina y simple, y habita entre
los dioses, es elusiva y estratificada. por ello, a veces sin quererlo del todo,
le vamos a la contra. porque necesitamos movernos. porque de noche como
escarabajos ciegos juntamos con nuestras patas el alba. no piensan, están
ahí, no saben hacer otra cosa. nuestra barca carece de timón, viaja con
el viento que sopla en las regiones inferiores de la muerte. no es extraño
que matemos el tiempo desnudos en nuestras habitaciones, mirándonos en
el espejo. Mientras en los campanarios dan todas las horas menos cinco.
nuestro callejero no hacer nada, vive y se suelta por la variedad de la
noche. gastamos saliva en soldar los retazos de nuestra mirada. deseamos
ver llegar a los fantasmas en las serpientes gargantas doradas de los gallos.
pero antes de comenzar y mudarnos es bueno pagar a la tierra. ofrendar.

A cerca de su poemario Gavia, el poeta chileno Héctor Hernández Montecinos, escribió en la web casadelaliteratura.gob.pe “no solo nos propone un viaje (…) sino que en el mismo libro se va construyendo esta embarcación que nos lleva a bordear las extrañas zonas del lenguaje donde los mares y las islas aparecen y desparecen como si fueran parte de una misma ilusión. Gavia es un libro de amor, amor en el sentido más amplio, en un sentido panteísta, puro, casi místico. Los lugares, los amigos, la familia, la propia historia es un paisaje junto a los animales, las casas, el cielo, los objetos y el mar, el mar como escenario y como temple interno. (…) Uno de los libros que describen las nuevas sensibilidades de este tiempo y que hace de la poesía una brújula y un astrolabio en esta gran noche del mundo”

8 Milenka Torrico (Bolivia)

Milenka Torrico Camacho nació en Cochabamba, Bolivia, en 1987. En 2009 publicó su poemario Preview con la editorial Yerba Mala Cartonera. En 2010 ganó el primer y segundo lugar en el concurso de poesía Blanca Wiethüchter. Actualmente estudia literatura en la Universidad Mayor de San Andrés.

Nunca serás Justine
nunca oirás el crujir de tus huesos
no sangrará tu boquita
no abrirán tu espalda a mordiscos
nunca sentirás la asfixia de estar boca abajo
no caerás de rodillas
no golpearán  tu rostro contra el suelo
a ti
te darán un beso
te invitarán un helado
te llevarán a casa
y plantada allí con tus intenciones
te consumirás en ese llanto que no exacerba
ningún deseo violento de tomarte.


En una nota del diario El Mundo de España, se lee: “el crítico Víctor Hugo Díaz incluye los versos de Torrico en una corriente renovadora que se manifiesta más cercana a la calle y a la ciudad, una poesía, dice, que no se queda en los libros o en el arte de la palabra y produce imágenes visibles ligadas a lo real cotidiano en apariencia pero que convocan los cambios sociales que se producen en el país”.

Artículo

Sobre héroes y…

Fruto de una larga conversación, hará un par de meses, sobre la “genialidad”, o mejor, en sus palabras, la “extrema habilidad posible”, el maestro Cachín Antezana quedó mascullando con la idea, y nos sorprende con este bello y preciso párrafo.


Luis H. Antezana J.


Los grandes artistas y algunos grandes jugadores de fútbol comparten atributos de genialidad inventiva o, como se dice, de creatividad. Pero a diferencia de los artistas, los jugadores de fútbol tendrían, además, atributos heroicos. Esa caracterización algo tiene que ver, sin duda, con el carácter competitivo del fútbol, pero, creo que hay otra razón más sencilla o, por lo menos, más inmediata: el arte, a diferencia del fútbol, carece de hinchadas, en el sentido masivo y militante del término. Si la creatividad es atribuible a la obra de un individuo, la heroicidad es producto de una activa coparticipación social. Salvo en la condena de un destino (Duzemil) inevitable, tal Aquiles, los héroes son nomás parte de una narrativa colectiva, aún, finalmente, pese al destino (La iliada). Podemos imaginar una multitud congregada en la inauguración de una obra de arte y podemos imaginarla atónita de admiración ante las obras que contempla, pero, ya no sé si es posible imaginarla celebrando esos logros en calles, bares y plazas, aunque la muestra resulte toda una victoria crítica en, digamos, los comentarios de los asistentes y de la prensa inmediata. En el fútbol los logros de los jugadores son también logros de sus hinchadas… y, por ahí, los genios resultan también héroes. Debe ser porque, así, las multitudes encuentran sus formas. Quién sabe.

Patio interior

Vagón desde Jena hacia Pekín



Se inicia, con este texto, una nueva serie de reflexiones sobre el arte poético. Esta vez el autor recalará en la enigmática China.


Juan Cristóbal Mac Lean E. 

¿Por qué la China? Habíamos anunciado en la anterior entrega, al concluir con el primer romanticismo alemán, el de Jena, en sus vertientes poéticas y musicales, que ya también nos confrontaríamos con otra literatura que no tuviera nada que ver con Occidente, que le sea ajena y lejana, aunque por un juego de rebotes y de ecos, pueda también instruirnos, quizá, sobre las particularidades o universalidades de la poética occidental.
De tal poética, no es necesario decirlo, somos herederos, por no decir que, de hecho, simplemente pertenecemos del todo a ella. No en vano alguien llamó a estos lares, tal vez con un toque de ironía, como “Extremo Occidente”. Y desde esta remota provincia, procuraremos ahora atisbar cuanto nos sea posible de las aventuras y particularidades de la palabra poética en sus metamorfosis orientales.
Los únicos corpus específicamente poéticos y literarios verdaderamente densos, antiguos, con una gran tradición y mucha bibliografía son el chino y el japonés (con las tradiciones árabes e hindúes demasiado cruzadas con la religión, por una parte, no suficientemente lejanas por la otra). Y si iremos indagando por el arte chino y sus formas, en realidad es simplemente debido a que gracias al azar y la afición, resulta que están a nuestra disposición varios libros incomparables sobre el tema -y que ya irán apareciendo.
Resulta muy gracioso, por otra parte, que este recodo por el que habremos de cruzar, en esta larga indagación poética, coincida tan justamente con que justo ahora la China, a más de su tremenda irrupción en sí misma y todo el mundo, también esté pisando y muy fuerte por aquí a la par que siembra dudas. Pero esto es una mera, mera coincidencia y no merece una palabra más.
Por su parte ese fino sinólogo y delicioso escritor que era Simon Leys resumía, tal vez con demasiada prisa, las grandes ventajas de vérselas con lo chino: “Desde el punto de vista occidental, China es sencillamente el otro polo de la experiencia humana. Todas las demás grandes civilizaciones o bien están muertas (Egipto, Mesopotamia, la América precolombina), o bien se encuentran exclusivamente absortas en los problemas de supervivencia en condiciones extremas (culturas primitivas), o bien son demasiado cercanas a la nuestra (culturas islámicas, India) para poder ofrecer un contraste tan total, una alteridad tan completa, una originalidad tan radical y esclarecedora como la China”.[1]
Para que se comprenda la vastedad y antigüedad de esa literatura, los papeles, letras y grafías, pinturas y textos que se conservan, ahí están por ejemplo los largos poemas de Qu Yuan, que vivió del 340 al 278 antes de Cristo. Y que un cinco de mayo se suicidó tirándose a un río, inaugurando una tradición de poetas ahogados. Lo hizo muy sufrido por estar exilado de la corte.
La leyenda dice que entonces, consternados, los pobladores salieron en barcas, tocando tambores y dando arroz a los peces para que no se ensañaran con el cuerpo del poeta. Y desde entonces, cuentan, cada cinco de mayo hasta ahora, en muchas partes de la China, país del agua, salen las barcas a dar arroz a los peces. No es poca cosa tan sostenida y hermosa celebración en honor a un poeta, a la poesía. Y si los poemas de Qu Yuan nos llegaron por haber sido recogidos en una antología, llamada de Chu ci, o de los Cantos del Sur, sus compiladores afirmaban, en las inscripciones que quedan, que la antología reunía a 100 poetas y más de mil composiciones.
Se conservó poco. Pero igual: entonces hace tanto como 300 años antes de Cristo ya había cientos de poetas y muchos miles de poemas por esas tierras, esas tierras que recorrería dos mil años más tarde Saint-John Perse, viajando a caballo. Y según él afirma, compuso la Anábasis, hacia 1917, en un pequeño templo budista cerca de Pekín. Y si bien la Anábasis pertenece de parte a parte a la gran literatura francesa, igual como gran canto de edades extraviadas y poderosas, reinos vastos y atravesadas geografías, da cuenta, tal vez un tanto estrafalaria, de esos mundos a los que queremos acercarnos. Y  cuando el gran viajero oteaba las extensiones asiáticas desde su caballo, pudo ver y sentir perfectamente el soplo, el aire de caravanas e historias, guerreros, arenas y gemidos poblando el mundo.
De ahí que tantas de sus estrofas suenen como si estarían describiendo el Camino de la Seda, como si estarían contando hechos sucedidos hace siglos y de los que aún pudiéramos ser testigos, y donde hay tantas palabras que son como un frontispicio de entrada a esos países imaginados e inimaginables, con sabor a jengibre y color de jade:
“Y al mediodía, cuando el árbol azufaifo hace estallar los cimientos de las tumbas, el hombre cierra sus párpados y refresca su nuca en las edades… ¡Caballerías del sueño en lugar de los polvos muertos, oh rutas vanas que desmelena una brisa hasta nosotros! ¿Dónde encontrar, dónde, los guerreros que cuidarán los ríos en sus nupcias? Al ruido de las grandes aguas marchando sobre la tierra, toda la sal de la tierra se estremece en sueños. Y de pronto, de pronto ¿qué quieren de nosotros esas voces…?”. (Trad. De Luis Miguel Isava, Monte Ávila).
O, podríamos invertir la figura y preguntarnos: ¿qué queremos nosotros de esas voces, chinas y pretéritas, que ni de lejos escucharemos y solo alcanzaremos, si acaso, a imaginar o inventar?
En primer lugar está, la verdad, el puro gusto de hacerlo, luego el deseo de dejarlas resonar, como podamos, junto o frente a otras voces en antípodas no solo geográficas. De tal forma que lo propio y dado por sabido, ante otros modos y vertientes, escrituras y gestos, halle su propia particularidad discreta… entre otras.
Pero, antes de entrar de lleno a terrenos específicamente poéticos, o más bien antes de entrar a la escritura poética, subrayando escritura, es necesario que desbrocemos antes cierto terreno, de manera que no nos demos excesivamente de bruces. Y eso intentemos…



[1] Tal vez a algunos les parezca demasiado antojadizo eso de poner a la América precolombina entre las civilizaciones muertas. En todo caso, tratar de acercarse a esa América precolombina es algo que a la postre resulta competer más a la antropología o la historia que a la literatura, aparte de no conocer, si la hubiera, la bibliografía que pueda ayudarnos en esta indagación específica. (Hablando de ello, en otro momento para el que aún falta mucho, nos referiremos a ese bello libro que es Río de vellón, río de canto, de Denise Arnold y Juan de Dios Yapita).

Staccato

Toscanini, maestro de maestros

Un perfil, comentado y crítico, de Arturo Toscanini, a poco de la conmemoración de los 150 años de su nacimiento.



Pablo Mendieta Paz

Ante la inminencia de conmemorar los 150 años de su nacimiento, dedicamos esta breve semblanza a uno de los más notables directores de orquesta que ha dado la historia: Arturo Toscanini.
Nacido en Parma, Italia, este prominente músico era el hijo menor y el único varón de un  modesto sastre, Claudio Toscanini, cuya mayor gloria fue haber combatido bajo el mando de Giuseppe Garibaldi, uno de los principales líderes y artífices de la Unificación de Italia, junto con el rey de Cerdeña Víctor Manuel II.
Sin embargo, otra gloria mayor habría de reservarle el destino a Claudio Toscanini: haber descubierto, junto a su esposa, el superlativo talento musical de su hijo y matricularlo en el Conservatorio de Parma, donde a los nueve años comenzó su carrera musical estudiando el violonchelo. Aventajado intérprete de este instrumento, años más tarde se uniría a la orquesta de una compañía de ópera ambulante que recorrería gran parte de Italia y que más adelante peregrinaría por un considerable número de países europeos y latinoamericanos.
Precisamente en 1886, mientras se encontraba en gira con la compañía en Río de Janeiro, empuñó la batuta por primera vez. Si bien no son pocos aquellos que consideran como una leyenda su estreno como director, él mismo se encargó de adjudicarle autenticidad a su primera experiencia narrándola de esta manera: “Nuestro director se llevaba muy mal con los músicos de la orquesta. Ya en Río la situación era tan tensa que no pudo aguantar más. Tiró la batuta durante un ensayo y se marchó. Como la audición de Aida, de Verdi, anunciada para la noche no podía suspenderse, la orquesta, que desde hacía ya tiempo había fijado sus ojos en mí a raíz de eventuales suplencias al director, gritó mi nombre. Dejé mi sitio, salté al podio, y dirigí la ópera dieciocho noches seguidas”.
Desde entonces, Toscanini habría de escribir una de las páginas más memorables en la dirección de orquesta. Músico de impecable refinamiento, impuso el ideal de la fidelidad a la obra, a tal punto que muy pocos directores de su época, así como de otras generaciones, habrían de trabajar en su oficio con tan profunda seriedad artística como lo hizo Toscanini. Tal era su íntima concepción de lealtad, de entrega casi sagrada a la ocasional obra, que jamás se apartó un centímetro de la perfección soñada.
El escritor vienés Stefan Zweig, presente en varios ensayos cuando ya Arturo Toscanini había alcanzado prestigio mundial, dejó escrito un breve retrato de su experiencia. En él, describe cómo el maestro, con energía incesantemente renovada y prodigioso oído, repetía una y otra vez cada compás, cada frase, cada número, hasta que la orquesta quedaba al fin sujeta a su voluntad. “Solo quien ha tenido el privilegio de presenciar esta lucha por la perfección hora tras hora, día tras día, puede comprender el heroísmo de Toscanini. En cada ensayo, todo ese espectáculo de música me dejaba una profunda impresión, como si se tratara de la imagen de sonidos infinitos que mis oídos atraían sin cesar”. 
En 1898 fue contratado por la Scala de Milán. Bajo su batuta, abrió en ese monumental templo de la música una singular tendencia renovadora: incluyó en el repertorio óperas alemanas, rusas y francesas, lo cual provocó encolerizada reacción del público tradicionalmente habituado a la representación de óperas italianas.
Sin embargo, su fuerza exenta de cadenas, su descomunal poder, su autoridad culminante, su postura de echar primero su arte en la balanza para influir en el sentido que él deseaba; pero, sobre todo, su infinitud en recursos como director, se impusieron para dar forma a un objetivo que echaría por tierra los argumentos que oponían sus detractores.
Sobre ello, caracteriza a Toscanini la elección de la obra con la cual empezó su actividad en la Scala: nada menos que Los maestros cantores de Núremberg, del alemán Richard Wagner (músico supuestamente antisemita, pero no para él, un militante antisfascista que llegó a ser senador de la Italia democrática).
Esta creación, absolutamente contrapuesta a las de la escuela italiana, tanto por su riqueza en cromatismo (color orquestal), por sus novedosas armonías y orquestación, así como por sus innovadores leit motivs (“motivo conductor”, o breve tema introducido en un momento apropiado de una ópera u otra obra), mereció los más prolongados aplausos (cabe mencionar que nunca dirigió obras de cuerpo atonal ni apoyó la música dodecafónica porque “...sencillamente, no las comprendo”, decía.
Diez años después de su estreno como director en la Scala, se presentó por primera vez en Estados Unidos. Sus dotes artísticas impresionaron al asombrado público estadounidense, principalmente por dirigir de memoria El ocaso de los dioses, del mencionado Wagner. A raíz de esa formidable puesta en escena ejerció en el Metropolitan durante siete años, con ovacionadas presentaciones hasta que, de improviso, abandonó su puesto debido a una revuelta que la orquesta promovió por el temperamento que siempre había traicionado a Toscanini: una disciplina dictatorial, conducta violenta y frecuentes ataques de cólera.
Luego de este incidente, en 1915 regresó a Italia donde dirigió durante la Primera Guerra Mundial muchos conciertos para los heridos. Nueve años más tarde volvería a Estados Unidos a dar una gira por toda esa nación con la orquesta de La Scala. Triunfal, y con mayor celebridad que nunca, en 1926 fue nombrado director de la Nueva Orquesta Filarmónica de Nueva York. Ahí permaneció por seis años, aclamado y reconocido como el más grande director de todos los tiempos.
Sutil y minucioso, Toscanini, obsesionado por la excelencia, retocaba la instrumentación de Schumann puesto que, a su juicio, era sencillamente mala. Se dio el lujo, asimismo, de transportar  las trompas a la octava alta en la Obertura de Guillermo Tell, de Rossini; y modificó la instrumentación de Ravel en los Cuadros de una exposición, de Mussorgsky. Juzgadas estas modificaciones como arbitrarias, el público se preguntaba qué había sido de su invariable rasgo de respeto por la fidelidad a una obra, a lo que él respondía que no debía confundirse la fidelidad a la obra con la fidelidad a lo escrito, ya que todo compositor es susceptible de errar involuntariamente en su creación, y los intérpretes como él son los llamados a corregir esos descuidos.   
Pese a toda una carrera de éxito y dinero (la Filarmónica de Nueva York lo contrató con el sueldo nunca antes pagado de 80.000 dólares anuales, y más adelante, ya como director de la Orquesta de la NBC -National Broadcasting Company-, sus ingresos se elevaron a 300.000 dólares anuales), Arturo Toscanini, el arquetipo del director, guardó por siempre el recuerdo más íntimo y emotivo de toda su trayectoria, que daba fe más que de su inclinación al dinero a la invocación del espíritu: la dirección, en 1901, de un coro de 900 cantantes que acompañaron el cadáver de Giuseppe Verdi, el venerable compositor y “Gran Maestro”, a su última morada, la Casa di riposo.

En 1987, Arturo Toscanini fue distinguido con el Premio Grammy en un conmovedor homenaje póstumo que nominó a tan supremo director de orquesta como  maestro de maestros.   

El último mestizo

La importancia de decir no

A propósito de la decisión de Luis Bredow ante el Premio Eduardo Abaroa.



Manuel Vargas

Si Luis Bredow, hombre de teatro a quien solo conozco de vista, hubiera recibido callado el Premio Eduardo Abaroa que le endilgaron sin avisarle, a estas horas nadie hablaría de él.
Siempre se es más famoso “por la negativa”. Pero el sí y el no, no pueden ir separados, como muy bien sabemos los bolivianos. Si dices sí a todo, serás del montón y no llegarás lejos. A no ser que digas sí a la vida, y entonces ya no te importa el qué dirán. O sea no.
Siempre me acuerdo de un filósofo alemán que decía más o menos así: “El ser humano es el único que puede decir no a la vida”. Los animales, por ejemplo, siguen sus instintos y punto. Bueno, esto último ya no lo decía el filósofo alemán Johanes Hessen. Creo que hasta se lo estudia en el colegio.
Volviendo a don Eduardo, a mí me parece raro que el actual Gobierno le hubiera otorgado un premio, digamos por sorpresa. O sería un premio-sorpresa. Pero digamos que estas cosas pueden ocurrir en nuestro país-sorpresa.
El asunto es que cuando le avisaron, él dijo no, no quiero, y dio sus razones. Él quería ser un hombre libre y no quería comprometerse con nada de lo que signifique este Gobierno que otorga premios sin avisar. Y por eso, por el no, estoy yo escribiendo en estos momentos. Y por eso otros opinadores y periodistas comentaron sobre el asunto.
De todas maneras el Gobierno, o digamos el Estado, le hizo el favor de hacerlo visible, sin querer. ¿Cuántas otras personas y grupos y hombres y mujeres de todo el país han ganado asimismo el Premio Eduardo Abaroa? Yo no sé. O ya no me acuerdo. Pues del único que sé es del que dijo no quiero ese premio.
Inclusive, me animo a decir, si este actor y director de teatro no hubiera dicho no, mucha gente ni siquiera se hubiera enterado de su existencia y de la existencia del Eduardo Abaroa.
¿Por qué siempre Eduardo Abaroa? Y aquí viene el asunto, como quien dice “la madre del cordero”.
Me pondré un poquito serio. El Gobierno utiliza este famoso tema del mar para sus fines políticos, eso no es ninguna novedad. TODOS los gobiernos y TODOS los políticos han utilizado y utilizan el tema del mar para sus propios fines. Para marear la perdiz. Para sentirse bien, para ser políticamente correctos frente a la opinión pública, frente a sus gobernados, frente al mundo. Para mantener sus privilegios de poder.
El mar es saludable, es como darte un baño de bienestar y de corrección y de patriotismo. Para estar en la cresta de la ola -valga el símil-, tenemos que hablar del mar. Si estamos de capa caída, hablamos del mar. Tenemos que utilizar a ese liberal y ricachón, que en el lenguaje oficial actual sería un neoliberal, llamado Eduardo Abaroa.
Entonces, yo no creo siempre en esas cosas. Veamos nomás el lago Titicaca, por no decir el Poopó. Nuestras montañas son lo máximo, y se deshielan. Nuestros bosques… ¿cómo andan nuestros bosques? “No mar”, decía el poeta Cerruto, y yo lo saco de contexto. Podríamos emborracharnos de mar, acabar con el mar, ¿y entonces? No.
Cambio de tono, como las olas. ¿Cómo era? Ah, el Premio Eduardo Abaroa. ¿Es con be larga o con ve chica? Yo he ido a cerciorarme a la plaza Abaroa y está con las dos bes. Y he buscado en diferentes libros, e igual. Pongámonos de acuerdo por favor, comenzando con ese detalle.
Y para recuperar el mar, tenemos que utilizar a los artistas y creadores populares de todos los rincones del país. ¿Qué tiene que ver este famoso apellido con la creatividad y la sufrida y gozosa vida de los creadores bolivianos?
¿Cuánto dinero se gasta (gastamos, porque no es plata de los bolsillos de ningún político) para armar semejante espectáculo de esta anual y plurinacional premiación, aparte de la propia platita que llega a los bolsillos de los artistas?
Pues, no debe ser nada si la comparamos que lo que se fue a los corruptos de todos los pelajes.
Esto puede ser fuerte, pero no estoy descubriendo la pólvora. Todo político que se respete, actúa con una intención, mejor dicho, con una segunda intención. Si no tomamos en cuenta esta verdad como un mar, pecamos de ingenuos.
Pero desgraciadamente, somos ingenuos. ¿O demasiado sabios? Dicen que el pueblo siempre es sabio. Por ejemplo, cuando en una elección los resultados nos convienen. También dicen que si el pueblo se equivoca, luego se arrepiente. Como las olas: van y vienen. Veamos nomás a nuestro Presidente, dice sí, y dice no, y todos contentos.
Un político que se respete, o que respete su puesto, nunca debe decir que el pueblo es tonto (aunque lo piense, no debe decirlo). Le puede costar su cargo. O el descrédito. Pero, ¿en qué íbamos?
Sí, sí. Todo esto viene a que don Luis Bredow dijo no. Qué bien. No nos pongamos solemnes. Esto es la democracia. Hay que saber decir no en el momento preciso.
Por ejemplo en mi caso, muchas veces he dicho no, hasta en sueños, y no pasa nada. No se vale. Pero sigo considerando que decir no, es lo mejor que nos puede pasar a los seres humanos. Es una afirmación por la vida.