jueves, 5 de junio de 2014

Tributo a Gustavo Lara

Gustavo Lara: en memoria del maestro


Cuatro evocaciones, semblanzas, facetas y tributos al destacado artista plástico recientemente fallecido.




De Miss Carangas y el fútbol boliviano


Martín Zelaya Sánchez

I
A fines de 2006, con aún muy escaso bagaje en el periodismo cultural, conseguí una entrevista exclusiva con don Gustavo Lara quien me invitó a un café en su departamento donde, entre sus lienzos, paletas y decenas de bocetos a lápiz desperdigados por doquier, me obsequió una extensa y amena conversación.
Al salir -no recuerdo ya el motivo de la cita- me presentó a su hijo Fabricio, talentoso artista también, y me sorprendió obsequiándome la fotografía de un trabajo suyo, uno de los más bellos: Miss Carangas, un óleo sobre tela, según se lee de su puño y letra en la cartulina.

II
Desde entonces, el maestro nunca me retaceó algunos minutos para consultas, breves entrevistas o hasta consejos sobre arte, siempre desde su acogedora buhardilla en Sopocachi, y a veces incluso por teléfono.
No olvidaré nunca un día en el que me sorprendió con un increíble motivo: había escrito un texto en defensa del derecho de los bolivianos a jugar fútbol en la altura, e incluso había alterado uno de sus propios cuadros para parodiar a la FIFA, poniendo a grotescos cuerpos, los rostros de los mandamases del balompié mundial (ver nota adjunta).

III
A mediados del año pasado, un proyecto de corte literario nos llevó a tocar las puertas de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia. Mientras exponíamos nuestro caso ante los consejeros, don Gustavo, uno de los más experimentados y respetados de la mesa, no perdió el tiempo y trazó, no pudo ser en más de 10 minutos, un retrato de los solicitantes: de izquierda a derecha, Martín Zelaya, Alfonso Hinojosa y Marco Montellano.
“¿Qué tal… verdad que se parecen?”, nos dijo al despedirnos, mientras me entregaba la hoja, sonreía y festejaba su ocurrencia con sus compañeros… cual niño que acaba de cometer una travesura.
A tiempo de atesorar aquel inesperado obsequio, ese día entendí qué era eso tan especial e indescifrable que caracteriza el arte de Lara: la alegría, el compromiso y la ternura a toda prueba.

Transcribo, entonces, aquel alegato de don Gustavo, por la libertad.

Fútbol, arte y cultura

Señores:
Joseph Blatter y Julio Grondona
Presidente y vicepresidente de la FIFA
Zúrich

Distinguidos señores
Una visión amplia que considere al fútbol como parte gravitante en el desarrollo físico, moral y espiritual necesariamente debe tomar en cuenta la participación de los pueblos, en su conjunto, de los cinco continentes del planeta. Debe entenderlo como gestor gravitante para armonizar el entendimiento de millones de seres humanos que asisten a los campos deportivos, que escuchan radio y que ven televisión, que no son entes inermes y pasivos, que son actores fundamentales en la vida de todos los pueblos.
Una noche de 1991, a 3.706 msnm, jugaron el local, subcampeón de Bolivia, San José, y el campeón de Brasil, Sao Paulo, en el estadio Jesús Bermúdez de Oruro, que rebalsaba de hinchada. Pese al clima seco, ligeramente frío, fue toda una fiesta, ¿el resultado? San José 0 - Sao Paulo 3. El encuentro de retorno, semanas después, acabó 1 a 1, un meritorio empate en un clima tórrido y sofocante para los andinos.
Señores Blatter y Grondona, el fútbol no sólo es un juego de 11 contra 11, también juegan millones desde las tribunas con el sentimiento más profundo. Se emocionan, vibran, viven con cada jugada o gambeta del equipo favorito, goool es un grito a veces alarido, a veces llanto, expresión espontánea, derecho humano que no se puede castrar en los Andes, valles o trópicos.
El estremecimiento colectivo que provoca el fútbol, en su propia y tan singular dimensión, provoca emociones tan fuertes y valederas como la música, el cine, el teatro, las artes plásticas y todas las manifestaciones creativas del ser humano, que no son cuantificables porque son demostraciones inconmensurables del alma.
Señor Blatter, señor Grondona, no apaguen el sueño y la ilusión de millones. No se carguen una mancha oscura sobre los hombros. Por el contrario, les invito a evitar una injusticia e irse dignamente, con el canto de Pavarotti, a una visita a los museos de arte en Europa, o a conocer los hermosos Tiwanaku y Machu Picchu por estos lados.

Gustavo Lara
Artista plástico
Hincha de San José

PD. La FIFA lanzó al vacó una bola de nieve que puede convertirse en una inmensa montaña tan alta como el Sajama, el Aconcagua o el Illimani. Como artista me he sentido tentado de expresarme con el lenguaje que manejo e incorporar una imagen para ilustrar esta breve carta.
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Memoria mínima


Benjamín Chávez

A tan pocos días del fallecimiento de Gustavo Lara y a tres años del de Raúl, su hermano menor, quiero, a modo de mínima memoria, compartir un breve recuerdo, uno solo, de entre tantos otros, que los implica entrañables.
En algún momento de la segunda mitad de la década de 1990, escribí este poema:

Flash

Hay una pared en lo profundo
donde la luz se despedaza.
Digno fondo para retratos metálicos
que beberán en silencio
del bebedero astral
de gardenias enfiladas al abismo.

En otro tiempo
la pared en lo profundo
habría servido para deslumbrar.
Ahora
soporta, creo
el desgarro
la impiedad
el peso insospechado
de toda la desmesura de la noche.
El vertiginoso paso de los días
la derrumba lentamente
escrupulosamente.
En otro tiempo
este poema
habría podido llamarse
relámpago de magnesio.

El poema fue escrito en Oruro a altas horas de una noche otoñal, como consecuencia directa de una conversación con Gustavo y Raúl Lara. Hasta hacía poco, aproximadamente la una de la mañana, habíamos estado con varios amigos en una divertida reunión en casa del poeta y pintor René Antezana, en las cercanías del cerro Luricancho.
Al final de la reunión, los tres nos fuimos caminando por la calle Murguía en dirección al este. Llegamos al colegio Bolívar y desde allí divisamos la pared de piedra ocre de la estación del ferrocarril que interrumpe la mencionada calle unas cinco cuadras más abajo (de allí eso de Hay una pared en lo profundo que abre el poema).
Caminamos lentamente hacia ella y hablamos de su color (de día y de noche), de las doradas épocas del ferrocarril, de la nostalgia por ciertos personajes del pasado, de la piedra, de la ciudad de Oruro en la época de la niñez de los hermanos Lara, de la posibilidad de pintar esa pared en algún cuadro o nombrarla en algún poema…
Hablamos también del olvido y de la muerte (las gardenias enfiladas al abismo). Pero todo lo hacíamos desde la alegría, y el tono de las fases traía contagiado un cierto aire filosóficamente optimista.
El poema resultó francamente melancólico y se publicó en mi poemario Santo sin devoción en el año 2000, pero quizás en aquella noche, como en todos los otros días, Gustavo, Raúl y yo, fuimos amigos porque, a pesar de todo, siempre nos unió una profunda e irrenunciable alegría de vivir.
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Gustavo retornó a Oruro


Alfredo La Placa

GUSTAVO LARA munido de silencio retornó a ORURO entraña de su ser, forjado como un fulgurante cristal de múltiples aristas.  Perfiles que él perpetuó en greda, metal, pigmentos.
Ojos habituados a escudriñar y plasmar en vigorosas síntesis paisajes y personajes de su prolífica obra.
Maestro de sus hermanos, caudal inagotable de re-cursos y secretos del oficio, generoso e ilimitado.
Son otros los espacios que el MAESTRO LARA, ahora en el último tránsito, escudriñará con la misma acuciosidad que en vida.

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Mermeladas caseras, colores, mezclas y texturas


Homero Carvalho Oliva  

Conocí a Gustavo Lara en el año 1994, estaba junto a su hermano Raúl y pese a que Gustavo era mayor parecían mellizos. Me impresionó el cariño que le profesaba a Raúl y a todos sus hermanos, en especial a uno que había desaparecido en la dictadura militar de la Argentina, también pintor. Los Lara son una dinastía de artistas plásticos.
Lo volví a encontrar en la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia en septiembre de 2012. Me designaron consejero de esta institución y Gustavo ya lo era; nuevamente pude disfrutar de su humor, de su sabiduría que compartía con todos y de su caballerosidad.
Gustavo era un gentleman de esos que ya no existen. Era un hombre que había emigrado del campo a la ciudad de Oruro, de allí a la Argentina y sin embargo nunca perdió sus raíces, tanto que cuando se presentaba la oportunidad hablaba en quechua.
En calidad de consejero de la FC-BCB viajo a La Paz todas las semanas y como llegaba temprano, a las 7:30 de la mañana, me bajaba a desayunar al departamento de Gustavo.
Allí, en el quinto piso del edificio Santa Isabel me esperaba con una taza de té caliente, marraquetas crocantes, queso collana fresco y mermeladas caseras. Antes de irnos a la reunión ordinaria conversábamos de literatura y arte… para mí era un placer escucharlo hablar de colores, de formas, de mezclas, de luces y sombras, de texturas…Gustavo era un sabio y ya lo extraño.


Crónica

Entre la Ciudad de los Anillos y Samaipata

 
Ernesto Cardenal (Fotografía: Daniela Peterito Salas)
Paura Rodríguez Leytón

Allí todos los verdes son posibles, como el que de tan tupido parece negro, o el que de tan profundo se convierte en morado y luego se torna naranja o deriva en rojo. Esta gran maraña de verdes y todas sus texturas, envuelve el Fuerte de Samaipata.
Allí, justo frente a la gran piedra, ese enorme cuerpo monolítico que reposa silencioso como un manso animal dormido y que en términos arqueológicos es considerado el mayor petroglifo del mundo, los poetas que participaron en el I Encuentro de Poesía en la Ciudad de los Anillos, leyeron sus versos. En la mayoría de los casos, sus voces se confundieron con el viento y así nació un mágico diálogo.
En realidad este diálogo comenzó el 27 de mayo, en Santa Cruz de la Sierra, la ciudad de los anillos, cuando se inició el encuentro que reunió a 30 poetas que durante cinco jornadas compartieron su producción literaria y entablaron lazos de amistad. Esta actividad fue una de las más importantes de la XV Feria Internacional del Libro de Santa Cruz.
La presencia de los invitados internacionales: Roberto Reséndiz Carmona de México, Carlos Aldazábal de Argentina, René Figueroa de El Salvador, Camila Charry  de Colombia y Lucas Viriato de Brasil dio al evento una mirada amplia y la posibilidad de comprender lo que actualmente se escribe en Latinoamérica.
Entre los invitados de países vecinos la figura estelar fue Ernesto Cardenal, que inauguró el encuentro el miércoles 28, con una lectura que duró casi una hora. Antes de leer cada poema, dio alguna referencia al público de distintos episodios de su vida; así Cardenal mencionó su tiempo en un monasterio trapense, su vida política en Nicaragua y sus impresiones del archipiélago de Solentiname. Su lectura transcurrió frente a un público numeroso que asistió a verlo y luego de escucharlo en silencio, aplaudió largamente para despedirlo.
Quienes asistieron a escuchar las cuatro noches de lecturas y presentaciones de libros de poesía, también pudieron apreciar una amplia variedad de voces y generaciones de poetas bolivianos, desde los nacidos en los años 40, como Aníbal Crespo y Matilde Casazola, hasta los más jóvenes como Pablo Carbone, Pamela Romano y Claudia Vaca, nacidos en los 80.
En cada velada, hubo poetas que además de leer sus versos los cantaron, como el argentino Carlos Aldazábal. La acogida del público demostró que la poesía tiene un espacio importante, puesto que además de asistir a las lecturas, compró poemarios en los stands de las editoriales que publican el género.
En los espacios informales de diálogo, como las sobremesas y el paseo a La Rinconada -donde los poetas mostraron al niño que son-, flotaron las conversaciones y reflexiones sobre la importancia de acercar la poesía a la gente.
Para Roberto Reséndiz, creador de un encuentro poético en México, la única forma de mejorar la calidad de vida de las personas es mediante la educación y la cultura y una de las formas de sensibilizar al ser humano es acercándolo a la poesía.

Pero la poesía no sólo nos acerca entre nosotros, sino que también nos liga con la naturaleza, con la historia, con nuestro pasado, con nosotros mismos y con las cosas que no tienen explicación, como la presencia de esa enorme roca que descansa en Samaipata y que recibió atentamente cada uno de los versos que los poetas le ofrendaron, el día de la clausura del encuentro, el sábado 31, cuando todos viajaron hasta esa zona del valle cruceño para despedir el encuentro. 
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Por los pasillos de la Feria del Libro


Martín Zelaya Sánchez

El surazo volvió a jugarle una mala pasada a la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz pero, como en otros años, ello no impidió el éxito de la fiesta de los libros, aunque en este caso, quizás es más apropiado hablar de la fiesta de los escritores, y de la poesía.
Luego de unos primeros días gélidos -según varios testimonios, también los más modestos en afluencia de gente, ventas y actividades culturales- lo fuerte de la XV versión del evento empezó a notarse a partir de la segunda semana.
Si de libros se trata, hay un buen manojo que merecen destacarse, pero antes hay que advertir que editores, libreros, autores y, sobre todo, lectores coincidieron -comentando por los pasillos de la feria- en que, como pocas veces antes las casas editoras nacionales no se esforzaron por preparar ofertas y lanzamientos atractivos, y las librerías que importan libros tampoco estuvieron a la altura, a pesar de que la Ley del Libro aprobada el año pasado permite un interesante descuento arancelario
Dicho esto, hay que mencionar a 15 libros “imprescindibles” para cualquier visitante de la feria con unos pesos encima y un variado gusto de lecturas: Cartas para entender la historia de Bolivia, de Mariano Baptista Gumucio; Los faroleros, de Wolfango Montes; La composición de la sal, de Magela Baudoin; Bolivia, de Homero Carvalho; Domingos por la tarde, selección de cuentos de fútbol boliviano, de Ricardo Bajo; El espíritu de la palabra, de Gigia Talarico, e Iris y Desapariciones, de Edmundo Paz Soldán.
Los otros ocho son las reediciones y antologías de la colección Biblioteca Plurinacional presentada por el Ministerio de Culturas (ver la nota de LetraSiete del pasado jueves 22 de mayo: http://letrasietebolivia.blogspot.com/2014/05/nota-de-apertura_22.html)
Pero como quedó ya dicho, lo fuerte, lo resaltable de la feria fue la parte humana: la nutrida y militante participación de escritores y académicos: no sólo para lecturas, presentaciones o conversatorios, sino para hacer fuerza, apoyar a la causa asistiendo casi cada día, paseando por salas, pasillos, comprando libros, conversando con la gente…
Otro punto alto es la organización: logística impecable, buen trato a los invitados (más de una docena de poetas de diferentes regiones de Bolivia y una media docena del exterior, entre otros), y una nutrida agenda de actividades para niños y adultos.
Por los pasillos de la feria, además de reconocerse en diferentes aspectos la buena gestión de la Cámara Departamental del Libro, se destacó ante todo la labor incansable de Sara Mansilla, su vicepresidenta, gestora cultural, amante de los libros y autora de la exitosa saga infantil Benjamín, que a la fecha presume de la impresionante cifra de 40.000 ejemplares vendidos.
Con alta y bajas, avances y pendientes, ni el frío, la humedad o la lluvia impidieron, a fin de cuentas, que la fiesta literaria culmine con éxito, el pasado domingo, con la presencia ni más ni menos, que de Edmundo Paz Soldán, el escritor boliviano más reconocido en el mundo, que también se dio el gusto de caminar por los pasillos de la feria.

  

Entrevista

“Me llevo bien con el Edmundo de mi primera etapa de escritor”

Edmundo Paz Soldán llegó para la Feria del Libro de Santa Cruz, donde presentó dos libros y participó en un conversatorio.


Martín Zelaya Sánchez

Edmundo Paz Soldán llegó el viernes a Santa Cruz y, tarde por la noche, visitó brevemente la Feria Internacional del Libro.
Luego de varios meses de estancia en Brasil –el autor comparte mucho de su cotidianidad a través de Twitter- y antes de retornar a su hogar –desde hace ya más de una década- en Ithaca, después de disfrutar de un año sabático concedido por la Universidad de Cornell, programó una breve escala en Bolivia para presentar ante el público cruceño su más reciente novela, Iris, y la reedición de su libro de cuentos Desapariciones.
“Espero verte en La Paz para la feria… que seguro voy”, dice el autor de Norte, al responder estas preguntas sobre novela, cuentos, el universo de Iris y la actualidad de la literatura nacional.

- Presentas la reedición de tu libro de cuentos Desapariciones pocos meses después del lanzamiento de tu novela Iris. ¿Cómo manejas los cambios de escribir novela a cuentos, cómo compatibilizan el Edmundo cuentista con el Edmundo novelista?
- Me cuesta escribir cuentos y novelas a la vez. Me viene por etapas, y durante un largo tiempo me dediqué a la novela. Ahora he vuelto al cuento con muchas ganas. Me gusta que los libros de cuentos tengan cierta unidad, formal o temática, que no sean solo un rejuntado de textos dispersos.
Ahora estoy escribiendo un libro de cuentos ambientados en Iris. Hay varios temas que no terminé de explorar en la novela y ahora están saliendo en los cuentos.

- ¿Qué se siente revisar y corregir un libro, en este caso Desapariciones, que ya fue publicado hace varios años? Dependiendo de hasta dónde llegan los cambios, ¿no es como deshacer un trabajo propio?
- Los mejores libros son los que no tienen que ser corregidos, es como regalarte algo nuevo sin esfuerzo. Es como encontrarte con un libro algo desconocido al que solo tienes que darle el visto bueno. A Desapariciones le cambié solo un par de comas y eliminé un par de adjetivos. En general me llevo bien con los cuentos breves de mi primera etapa. Es otro autor, pero le tengo simpatía.

- Contaste que a partir de Iris, estás inmerso en el microuniverso de ciencia ficción que creaste, y que ya tienes varios cuentos en ese tono. ¿Qué comparaciones y variaciones en el proceso creativo y en otros planos identificas entre estos nuevos trabajos y tu anterior escritura?
- Siempre he sido un escritor de tramas. Mis primeros libros de cuentos eran prácticamente solo tramas, el paisaje estaba desaparecido y tampoco había mucha indagación sicológica en los personajes.
En mi último libro de cuentos, Billie Ruth, traté de profundizar en la construcción de los personajes sin perder de vista la trama; en los cuentos que estoy escribiendo ahora quiero que haya trama, personajes, lugar y también una mayor carga poética.
Me están saliendo muy fluidos, y creo que tiene que ver con el hecho de que en Iris ya construí el escenario, ya descubrí ese mundo; ahora estoy explorando los rincones, los recovecos de ese mundo ya creado. Por supuesto, al hacerlo, soy consciente de que también estoy alterando ese mundo, completándolo de a poco.

- En la Feria del Libro de Santa Cruz participaste en un conversatorio sobre literatura contemporánea. Háblanos un poco de tus reflexiones, criterios e ideas sobre la literatura que se hace hoy en día, tanto en Bolivia como en el mundo.
- Bueno, es una pregunta muy amplia. Yo solo quisiera insistir en que estamos delante de una gran generación de narradores bolivianos, la de escritores menores de 40 años, y que ojalá les podamos dar todo el apoyo que se merecen.
Tenemos siete, ocho escritores que están publicando afuera, en editoriales importantes en Argentina, Perú, España, etc.; eso es algo nuevo en nuestra literatura, que siempre se manejó en base a excepciones, y hay que celebrarlo.
El Primer Festival Internacional de las Letras que se realizará en Santa Cruz en noviembre será un lindo momento para constatar la buena salud de nuestra literatura.

- La Feria destacó ante todo por su encuentro poético, y una vez más muchos autores y literatos refirmaron que Bolivia es un país de poetas. ¿Cómo es tu relación con la poesía, como escritor y como lector?
- Me interesa muchísimo incorporarla en mi escritura. Para el imaginario de Iris me fue fundamental Jaime Saenz, hay conceptos poéticos suyos (“sacarse el cuerpo”, “caer al cielo”) que fueron puntos de partida para ciertos conceptos centrales en Iris.

Para el nuevo libro de cuentos he escrito un par de textos que funcionan solo a partir de una sensación poética; es prosa que necesita de la poesía para sobrevivir. Como lector, el último poeta del que he disfrutado muchísimo ha sido Drummond de Andrade.  

Entrevista

"Narrar es descubrir"

Elsa Osorio, una de las más destacadas escritoras argentinas estuvo en la Feria del Libro cruceña y habló con LetraSiete de sus principales libros y su proceso creativo.


Martín Zelaya Sánchez

“Conozco a Edmundo Paz Soldán, y es un escritor que me gusta mucho, pero lo conozco de afuera, no porque haya estado con él en Bolivia… y eso es algo que quiero cambiar, pues mucho más de la literatura de este país no conozco… de pronto a los clásicos que se lee en la universidad, pero no más y repito, eso es algo que quiero cambiar”.
Elsa Osorio hace este comentario en el stand del Ministerio de Culturas y Turismo de la Feria del Libro de Santa Cruz, luego de revisar a la rápida las 15 novelas fundamentales de Bolivia, y la flamante colección de ocho libros de la Biblioteca Plurinacional.
Una vez satisfecha su curiosidad e interés, se pide un capuchino y empieza a hablar sobre dos libros suyos: su obra maestra y su última novela, y sobre su compromiso y estética a la hora de escribir y concebir la literatura.
Un breve pero oportuno momento para conocer a la argentina, considerada como una de las más solventes y originales escritora de ese país, y quien confiesa: “no pudo caerme mejor la invitación del Ministerio de Culturas para conocer por fin Bolivia”.

- Háblenos de Mika o La capitana, su última novela que, según entiendo, se basa en la vida de una rebelde, una guerrillera argentina que actuó en Europa.
- Sí. Para empezar, es Mika o también La capitana… resulta que por asuntos editoriales salió con esos nombres en diferentes países. Trata de Mika Feldman, una revolucionaria bastante desconocida por la gente en Argentina, pero que fue la única mujer que fue capitana en la Guerra Civil española.

- Toda novela es ficción, por antonomasia, pero me imagino que en este caso tuvo una muy exhaustiva investigación que le permitió recrear con mucha verosimilitud varios pasajes históricos.
- He investigado tanto… hasta volverme loca, te diría… (ríe). He trabajado en este libro durante 25 años, claro que no de manera sostenida, pero siempre lo he llevado en la cabeza. Después de que abandoné varias veces el proyecto, por la dificultad de encontrar información, finalmente pudo más la fascinación por el personaje. Durante siete años acumulé documentos y redacté, paralelamente.
Es una novela, pero no porque me invente las batallas; a mí me gusta mucho contar la historia, pero prefiero la ficción al ensayo, porque es una postura diferente. Cuando escribo novelas, siento que escribo de lo que no sé, por más que haya investigado mucho, y es que la narrativa muchas veces permite descubrir hechos, planos, detalles antes casi inconcebibles.

- Creo que este es su estilo, su impronta literaria, pues me parece que es muy similar A veinte años, Luz, su novela más conocida y exitosa.
- Sí, se trata de una chica que nació en cautiverio durante la dictadura argentina… es decir, que perdió su identidad, y que cuando tiene 20 años comienza a sospechar que ella no es quien piensa que es.
Esto es algo que se dio en la realidad no una, sino miles de veces, pues cada vez aparecen más chicos en esta situación, que descubren que no son quienes son. Aunque este caso en particular no está basado en una persona real, toda la realidad, la tragedia de los desaparecidos es tal y cual la cuento.
Al escribir este libro, me di cuenta que la generación víctima de estos casos es la de mis hijos, y descubrí a la vez que el miedo, el horror –al menos desde este lado- sigue latente.

- ¿Qué opina de la concepción de buena parte de la crítica de que su literatura se centra en su preocupación social y política por realidades específicas, y que de cierto modo, se trataría de una literatura de denuncia… de compromiso?
- Yo no escribí A veinte años, Luz, para que suceda tal cosa, o en busca de que despierte algo… yo la escribí porque me gusta escribir, porque tengo un compromiso conmigo misma como escritora.
Por otro lado, sería una ingenua si pretendiera que esta u otra obra mía no despierten alguna reacción o compromiso personal, ciudadano… es más me sentiría bien si de pronto una persona se haya sentido motivada a indagar sobre su vida, tras leer el libro, ante una sospecha de que sea víctima de estos casos.
Creo que eso del compromiso o del “no te metas con este o este otro tema” es un falso debate. Yo también escribo ficción pura y otras cosas, y no creo que denigre la literatura con ninguno de estos textos.

- ¿Cuán importante cree que son la literatura y el arte en el actual contexto político y social que viven muchos países de la región… Argentina y Bolivia, por ejemplo?
- Yo creo que ambas expresiones deben ir de la mano con los avances de la sociedad y la clase política. Para mí, escribir, en primer lugar, es una fascinación, pero también es un trabajo y un arma de lucha.
Como ciudadana siento que estamos viviendo un momento muy especial en América Latina, pero creo sin embargo que nos hace falta conocernos más… hablo sobre todo de los escritores, que en una mayoría aún seguimos manejados por grandes grupos editoriales.
Yo conozco a muchos autores sudamericanos, pero los conozco de Europa, y esto no puede seguir así.

- Y qué nos puede hablar de su faceta de profesora de literatura. ¿Se puede enseñar a escribir, se puede enseñar a crear?

- He coordinado talleres, creo que desde siempre, desde que yo misma estudiaba. A mí me parece que no puedo ponerle a otro algo que no tiene, en el sentido de la pulsión de escribir, pero sí puedo enseñarle a escribir correctamente, que es lo que todo el mundo debería poder… y después puedo darle técnicas, herramientas… el resto, lo más importante, la esencia, depende de ellos. 

El último mestizo

A partir de los colores de un pájaro


Un capítulo más de la bitácora diaria del autor, que esta vez se la pasa entre la contemplación de dos alkamaris y las tribulaciones del padrón  biométrico.



Manuel Vargas

1. Este es el bello título de un ensayo antropológico de Verónica Cereceda, chilena si no me equivoco. El pájaro es el alkamari, que habita en el altiplano boliviano; sus colores no vienen de la selva, sino quién sabe, de las blancas nieves de la cordillera real y de sus cuevas. Entre blanco, negro y gris. ¿Por qué me presté este título para mi artículo? Porque me gusta.

2. Hace frío en La Paz. Ya han pasado las lluvias y es difícil encontrar una nube en este cielo tan azul, orgullo de los paceños. Sin embargo, por la mañana, si me voy a mirar desde la ventana de mi cocina, puedo adivinar el centro de la ciudad por una nube amarilla de smog que va asomando de derecha a izquierda. Nube que todos quienes habitan en el centro no pueden ver, pues viven dentro de ella. Le conté de mi visión a una amiga que vive por Sopocachi y casi no lo quería creer, y ya no se sintió tan contenta de habitar este bello mundo. Cosas que ocurren en todas las ciudades, de medianas a grandes.
Si me voy a mirar, en cambio, por la ventana de mi biblioteca, puedo observar, cada mañana sin falta, un par de alkamaris de cierta edad, esperando los primeros rayos del sol invernal, posados en el techo de la casa vecina. Nunca en el techo de mi casa porque yo la habito y les molesto. Se posan en el techo de la otra, porque casi nunca está habitada. Inclusive, ya entrada la mañana, se ponen a pelear con sus figuras en el espejo de una de las ventanas.
Hace un año no hacían eso, ni siquiera paraban en el susodicho techo, sino que cruzaban de aquí para allá, incluso los vi en el vivo suelo junto a una ovejitas. Seguro que no les mezquinaban el pasto, sino que buscaban en el suelo algunos bichitos para alimentarse. Me acerqué esa vez para tomarles una foto, pero escaparon y sólo quedaron las ovejas.
En cambio ahora, en el techo, están a pocos metros de mí (salgo incluso al patio y no se dan por aludidos) y ya no he pensado en tomarles fotos. ¿Para qué si los tengo siempre firmes a mi lado?
A veces veo un alkamari más, de plumas relucientes y más definidas en su blanco-negro-blanco-negro, pero nunca los he visto juntos a los tres. ¿O es que uno de los dos se vuelve en ciertas horas más joven? Porque, realmente, los dos que veo siempre ya están viejitos, quién sabe cuándo se morirán y ya no podré verlos más que en mis sueños.
No describiré cultural ni anatómicamente a estos pájaros. Me basta con decirles que Verónica Cereceda hace un bello estudio relacionado con los mitos andinos, y por lo tanto, estos mis bellos y tranquilos vecinos no son agua de borraja. 

3. A propósito de ovejas, mi vecina del otro lado de mi casa es su dueña. Yo le pedí que me vendiera unas dos bolsas de abono de oveja para alimentar a mis plantas. Lo hizo, el invierno pasado. Mezclé dicho abono en dos de mis macetas, y de pronto, comenzaron a aparecer mosquitos y más mosquitos de la tierra preparada.
No había duda, el abono de oveja estaba lleno de unos gusanitos que se volvían moscos. Eché la tierra al jardín, la revisé bien y volví a ponerla a mis macetas. Seguían los gusanos reproduciéndose. Decidí entonces sacarlas por un tiempo al aire libre, es decir, fuera de las habitaciones.
El asunto quedó solucionado: durante más de una semana, los pájaros (¡no los alkamaris, que están para menesteres más importantes!) se ocuparon de la limpieza que yo no pude realizar. Escarbaron y escarbaros la tierra de mis macetas hasta no dejar un solo gusano. Lo he comprobado, ahora están en mi sala y han desaparecido los indeseables y nada limpios bichitos blancos. Estimados seres humanos, aprendan de este ejemplo del equilibrio de la naturaleza.

4. El otro día fui a reinscribirme en el biométrico. Ya habrán notado, me cambié de domicilio. Fue al inicio de las colas, ¡de las  que me salvé! Las máquinas estaban ya viejas y hacían tardar bastante, quién sabe no tanto como ahora. Me preguntaron si mi casa estaba cerca de un río. Me pareció interesante la pregunta, con mi respuesta no creo que alguien saque un rédito político. Les dije que sí, que mi casa estaba cerca de un río seco.
También me hicieron otra pregunta. Si me identificaba con algún pueblo indígena. ¿Me estaban censando truchamente o qué? Me pareció fuera de foco esa pregunta. No sé si a estas alturas del biométrico siguen haciéndola en el resto del país, habida cuenta de que las colas ya están de buen tamaño.
Lo del río me parece simpático. ¿Pero qué quieren saber, quiénes quieren saber si me gustan los aymaras o los weehnayek? Porque ahora nada es inocente, yo ya estoy bastante mayorcito para caer en nuevas estrategias envolventes. Les iba a decir que todos me gustaban, que me identificaba con los negros y los blancos, con los oscuros y los pálidos y los cobrizos… He aquí, señores, por qué las colas en el biométrico son interminables.

5. Ayer recibí un mensaje equivocado por el MSM (¿o es SMS?) de mi celular. Ese mensaje lo dice todo. Es una joya literaria y (así como ocurre a partir de los colores de un pájaro) de su análisis se puede colegir la realidad del mundo presente y futuro. Lo transcribo a continuación:
“Mari t cuento q el luis sea alsado una bolsa se chamarras para chicas y chicos”.
No pone el nombre del emisor. Se supone que es una mujer (cáiganme todas las críticas y burlas de los/las luchadores/as contra el sexismo).
¿Va mi anónima mensajera con el chisme a la Mary? ¿Quién es el Luis? ¿Un empleaducho o el enamorado de alguna de ellas? ¿Un ratero o un chistoso? ¿Trabajan todos los involucrados en una tienda o en una fábrica de chamarras? ¿O son chamarras de segunda mano, pero americanas? ¿O truchas, como todo en nuestro Estado Plurinacional?
¿Por qué esa especificación “para chicas y chicos”? ¿Influencia del lenguaje usado en la propaganda televisiva y radial? ¿Se impondrá este lenguaje directo y descuidado en nuestro idioma tan brillante y esplendoroso? ¿Ya se ha impuesto? ¿Refleja el nivel cultural de nuestras nuevas generaciones de ciudadanos/as? ¿Y sus oficios y sus preocupaciones y su nivel moral e intelectual?
Este mensaje destinado al abismo negro del vacío del universo, ha llegado a mi celular y me ha complicado la vida. A partir de esta revelación, no me queda más que repetir, con el romántico poeta de las rimas y leyendas: Hoy creo en Dios. 

Y ya, no me vuelvan a preguntar por favor, con qué pueblo indígena me identifico. 

Desde la butaca

Festival Barroco, encantos y desencuentros

Crónica resumen del reciente Festival bianual realizado en la Chiquitania.

 
Cuadro de Ejti Stih
 Lupe Cajías

Las gotas de la interminable temporada de lluvia de este 2014 compartían el sonido armonioso de los coros y violines en la última actuación vespertina del X Festival Internacional de Música Renacentista y Barroca Americana “Misiones de Chiquitos”, organizado bianualmente por la Asociación de Arte y Culturas, APAC, en las tierras bajas bolivianas.
Una vez más, como desde hace dos décadas, los cruceños tuvieron el privilegio de recibir en la ciudad y en las provincias a los mejores grupos internacionales especializados en música barroca y renacentista durante los diez días del mejor festival en todo el continente y uno de los cinco más prestigiosos a nivel mundial.
El esfuerzo de la APAC al mando de Cecilia Kenning se ve recompensado por el creciente respaldo del público. En los pueblos de Chiquitos, Camiri, Choquis y Yacuiba, las familias acuden en masa a llenar las capillas. La ampliación al Chaco y al departamento de Tarija evidenció la vitalidad de este esfuerzo que se ha convertido en un referente mundial.

Coproducciones internacionales
El Festival se caracteriza además por promover el intercambio de conocimientos y de experiencias entre grupos nacionales, varios con intérpretes indígenas, y grupos internacionales. Este año se estrenaron nuevas coproducciones.
El Ensemble Martín Schmid, bajo la dirección de Daniela Dolcci, y los músicos de Música Fiorita de Suiza interpretaron un repertorio inédito de música misional transcrita del Archivo Musical de Chiquitos. Como comentó Piotr Nawrot, el director artístico del festival, los archivos musicales bolivianos son inagotables.
El Coro y Orquesta Arakaendar, conformado por músicos cruceños, cochabambinos y orureños, lanzó a nivel mundial el programa “Música de las Misiones Guaraníes”. Ellos conformarán un ensemble con músicos de Noruega y de Inglaterra para ejecutar juntos esas piezas que Nawrot rescató en guaraní. El coro del pueblo de Paurito, a pesar de no ser profesional recibió el aplauso por la calidad de sus voces.
Un tercer ensemble estuvo conformado por el mismo grupo Arakaendar y músicos del RCN London para el lanzamiento del programa “Del barroco al rococó” que presentó obras del Virreinato de la Plata durante el siglo XVII.
El Ensemble de Profundis de Uruguay, Los Ministriles de la Cañada de Argentina y los coros Santa Cecilia y Urubichá conformaron otro ensemble con música del Archivo Nacional de Bolivia en honor a San Ignacio. Los Júbilos reunieron a 60 músicos que recrearon villancicos coloniales en el más emocionante concierto de los grupos bolivianos.
La presentación de música recopilada en el Archivo de Sucre fue otro gran momento en el Festival.
Otro hermoso programa se desarrolló con 24 misas dominicales en toda la capital cruceña con la participación de 12 grupos bolivianos de música barroca, rememorando cómo aquella acompañaba los rituales católicos de hace centurias.

Encantos y desencantos
Musicalmente inagotable, el Festival permite gozar la belleza del sonido del arte humano en el entorno del silencio de la selva.
Los espectadores comparten la integración por encima de procedencias geográficas, étnicas, generacionales y renace la más cálida humanidad, con la alegría de aprender colectivamente emociones y sentimientos.
Bolivia muestra su mejor rostro, la hospitalidad camba, los pueblos tradicionales, la gastronomía. En muchos rincones se encuentran locales administrados por parejas de cruceñas y sus esposos, sea el alemán de Santiago de Chiquitos, o el francés de San José de Chiquitos.
Sin embargo, el Festival mostró también los límites reales a la propaganda para atraer turistas: caminos, hospedajes, servicios de salud, saneamiento básico. El recorrido de Santa Cruz hasta San Ignacio de Velasco está lejos de la publicidad de la ABC, baches permanentes retrasaron la llegada de los turistas y en algún caso se lamentó accidentes e incidentes que sufrieron artistas y espectadores.
Los hospedajes en Ascensión de Guarayos son una lástima, sucios e inseguros y tampoco son cómodos la mayoría de los hostales en San José. No es posible pasar la noche en Urubichá. APAC no puede ser responsable de esos detalles y se nota el descuido del área de turismo, tanto a nivel departamental como a nivel del Ministerio de Culturas y Turismo. Es urgente que existan exigencias para cumplir estándares mínimos o dejar de lado a los hoteles que no se esfuercen por ofrecer comodidad e higiene a sus visitantes.
El mejor ejemplo de un buen hospedaje está en Santiago de Chiquitos, donde un hotel boutique recibe al caminante con una cama limpia, delicioso desayuno, Internet y paseos para conocer la bella región chiquitana.
No todos los gobiernos municipales ayudan tanto como Concepción, San Ignacio, San Javier, Roboré. En Ascensión, la alcaldía se esfuerza pero los empresarios hoteleros no acompañan el entusiasmo de la alcaldesa indígena.
El Estado Plurinacional gasta millones en las carreras del Dakar, pero apenas se asoma para apoyar los esfuerzos culturales. Sin embargo, se nota cada versión una mayor presencia económica pública que ojalá garantice la sostenibilidad del festival y evite los sufrimientos del personal de APAC. Por lo menos este 2014, equipos móviles de Bolivia TV estuvieron en casi todos los escenarios y trasmitieron conciertos en vivo.

Finalmente, llama la atención la ausencia de autoridades originarias como invitadas en los conciertos. Aparecen políticos de la Gobernación pero no los líderes de los pueblos chiquitanos, poblaciones que protegieron y cuidaron durante siglos las partituras que hoy se estrenan en todo el mundo.

Staccato

Simeón Roncal, la cueca en su máxima expresión


Una breve reseña del origen y las características de la cueca boliviana, a través de uno de sus máximos cultores.



Pablo Mendieta Paz

Existe un sinnúmero de hipótesis acerca del origen y evolución de la cueca. Hay quienes  encuentran en ella una posible influencia amerindia, y otros, un ascendiente español estrechamente emparentado con la danza árabe llegada a la Península Ibérica hacia el año 700.
Si se presta atención a que los árabes permanecieron durante ocho siglos en territorio español, es lógico suponer -y más aún, asegurar- que la idiosincrasia y cultura de los pueblos árabes marcaron indeleblemente las características y costumbres del territorio ibérico, manifestadas -en su rango artístico-, tanto en la danza, en el canto, en el uso de instrumentos originarios, así como en la edificación de monumentos y edificios arquitectónicos de espléndidas formas arábigas. 
Si bien esta teoría es la más verosímil históricamente, otros estudiosos de la cueca hallan su raíz en la zamacueca, tradicional y arcaico género musical de Perú introducido por gitanos, mulatos y esclavos negros de Angola. Tal estilo musical provendría a su vez de la jota aragonesa, entendida como el baile en pareja, y de la jota andaluza, cuyo rasgo distintivo es el zapateo y fandango.
Precisamente porque todos estos géneros o estilos de una u otra forma se hallan asociados entre sí, es evidente que del acoplamiento de ellos nació la cueca tal como hoy la conocemos: un baile de parejas sueltas, hombre y mujer, que provistos de un pañuelo en la mano derecha dibujan toda suerte de figuras con vueltas y revueltas adornadas de insinuantes requiebros.
En líneas generales, las cuecas colombiana, peruana, argentina, chilena o boliviana gozan de las mismas fuentes, aunque en sí mismas difieren por la naturaleza de cada país (incluso por las características de sus propias ciudades o poblaciones); o por las coreografías, si bien en todas ellas el ritmo es semejante.
Acerca de las modalidades de cueca existentes en Bolivia, hay tal variedad de formas que es posible apreciar diferencias en el vestuario, en el desplazamiento, y en la manifestación misma de la danza, dependiendo del temperamento que caracteriza al habitante de nuestra variada geografía. Oportuno es mencionar que musicólogos de diversas nacionalidades han conceptuado a la cueca de nuestro país como la de mayor expansión y riqueza en Latinoamérica.
Según los expertos, la expresión más antigua y fielmente preservada de las danzas coloniales de salón es la cueca chuquisaqueña. De cualidad “valseada”, ritmo riguroso y elegantes atuendos, su música es pródiga y fértil en elegancia y expresión, en carácter y atmósfera, y sujeta a una infinidad de variantes que enlazadas a una precisión y regularidad en el tempo permiten la creación de melodías pulcramente armonizadas.
Si se está hablando de la especie común de la cueca chuquisaqueña, cuya exposición encuentra eco en una forma musical reducida y fácil, pero de una pureza y sustancias íntimas que hacen de ella un danzado impecable en estructura, surge con absoluta nitidez la figura de Simeón Roncal, músico chuquisaqueño nacido en 1870 y muerto en La Paz en 1953, quien, apercibido de este connatural y profundo patrimonio de música popular, fue uno de los creadores -el más sobresaliente- que dedicó, como fecundo compositor y renombrado pianista, todo su bagaje artístico a la creación y perfección de la cueca.
Opuestamente a Eduardo Caba, artista que en momentos de mayor inspiración creadora se manifestó como un innovador del indigenismo nacionalista, Roncal, compenetrado estrechamente del ímpetu y sensibilidad populares, concentró su música en grupos sociales mayoritarios situándola en el marco de un “nacionalismo pionero” hondamente social.
Fue por ese principio que compuso melodías de alto vuelo musical y compleja escritura, que magistralmente enlazó a ese colectivo popular como un recurso encaminado a que la cueca transformada por sus manos en música culta no se deteriorara y perdiera su naturaleza mística, íntima, pura.
Sin embargo, se esforzó en sus obras en buscar una expresión más amplia de su propia individualidad, motivado por su propósito de engrandecer la cueca a la jerarquía que ostentaban formas musicales mayores.
En ese empeño, escribió veinte cuecas de delicada y valiosa textura; auténticas fantasías de brillante estilo y libre romanticismo que revelan una técnica elevada y un grado de perfeccionamiento singularizado por pulimento de frases, adición y supresión de acordes, y otras peculiaridades de depuración que ya habían vislumbrado como una suerte de sello personal sus maestros Emilio Gott, español, y el potosino Eduardo Berdecio.
En La brisa, El olvido, Impresiones, El arroyo, o La ausencia, se define la tendencia de Roncal al perfeccionismo moldeando estructuras de abundante contenido en espacios muy reducidos. Tales estructuras, elaboradas a base de una fórmula monotemática y variaciones, conforman el motivo central que se repite, o el leitmotiv de su música. Tal prototipo de creación se manifiesta profusamente en Huérfana Virginia -tal vez su obra prominente-, en la que plenamente patentiza su extraordinaria técnica.
Al analizar y escuchar Huérfana Virginia, es posible advertir desde sus primeros compases el talento y alta escuela de Simeón Roncal. En la primera parte de esta deslumbrante cueca define con maestría la exposición del tema y lo amplía a variaciones de cuatro compases en la segunda.
Una vez planteado y desarrollado su “argumento creativo”, agrega otros cuatro compases con el propósito de acrecentar los recursos sonoros de la bella melodía principal, con lo cual llega a establecer un ajustado equilibrio de las partes que desemboca, a su conclusión, en acordes amplificados de formidable efecto tímbrico.
No sólo que Simeón Roncal elevó la cueca a espacios eminentes, sino que, versátil, se acomodó a la creación de kaluyos (género romántico evolucionado a partir del huayño), marchas, himnos, bailecitos y a la marcha fúnebre, célebre creación inspirada en el redoble de campanas de la Catedral de Sucre.
Auténtico y soberbio en toda su inspiración musical, nuestro país rescata de sus personalidades artísticas a un compositor que transportó a la cueca boliviana hacia todos los confines de Latinoamérica.

Ampliamente reconocido, Simeón Roncal fue un artista doblemente admirable porque, creador y reformador, no se vistió con galas de nadie ni empleó palabras de otros. Su lenguaje musical es único, excepcional, y de exquisita concepción.